Reloj de arena de azúcar. O algo así

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Los relojes de arena tienen un lugar especial en el cielo de los relojes. Tienen la tensión del último momento con ellos, de la última vez que tuviste que robar un ídolo de un templo abandonado o superar las siete pruebas de los dioses para conseguir unos tranchettes (nadie te dijo que ese era el premio, claro).

El azúcar no tiene esa tensión, claro. Es más bien tranquilo y suele acompañar a los cafés y a la fila de hormigas que habita bajo el frigorífico, así que supongo que esto es un juego de opuestos. Una azucarera tensa. Ademas, si la usamos como reloj puede que el tiempo no se acabe nunca porque el azúcar se pega a las paredes y nunca termina de caer, así que sí: es posible que hayamos dado con el tiempo infinito, después de todo. La mayoría de filósofos estarían felices de este descubrimiento. Por lo menos los que no estén muertos.

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