Ropa de silla

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Alguien en Bernotat & Co decidió darse cuenta de que las sillas pueden pasar frío. Explico la frase: darse cuenta de algo implica tener un leve conocimiento del tema y, debido a algún agente interno o externo que antes no existía, desarrollar una de sus funciones, descubrir un nuevo uso o comértelo (la última opción requiere que el objeto en cuestión no fuera comestible en sus orígenes y que no te importe perder los dientes experimentando).

Ahora bien, decidir darse cuenta es buscar una cualidad allá donde no la hay o donde no hay necesidad de haberla. No dudo ni por un segundo que una silla está desnuda por definición, puesto que no lleva ropa y todo lo que no lleva ropa está desnudo. De ahí a crear una línea de moda exclusiva para sillas hay un paso muy grande.

Esto puede suscitar envidias: en cuanto se generen catálogos de ropa de silla con modelos despampanantes se establecerá el canon de belleza a seguir, y cuando eso ocurre se disparan las dietas relámpago, lo que significa que te tienes que sentar en una silla de cocina a dieta (nada tan poco fiable como una silla a dieta) que en unos meses sufrirá el efecto rebote y se transformará en un sofá con masaje, que está muy bien pero en la cocina no. Y en cuanto le digas que no está en su ambiente y te la lleves al salón dirá que algo ha cambiado y que sólo la querías porque era una silla de catálogo, lo que es una vil falacia: la querías porque no chirriaba. Y porque no aprovechaba cualquier ocasión para darte un masaje, que al principio está bien pero luego se vuelve algo cansino.

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