Perchero futbolín

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Colgador futbolín

Siempre me ha parecido curiosa la figura del jugador de futbolín; el tipo frío y estirado con un bloque de cemento en los pies es algo que tengo más asociado al mundo de las mafias y por lo general se los encuentra en el fondo del océano.

Visto así, supongo que jugar con esos tipos que en su día traicionaron al Capo o fueron víctimas de una oferta que intentaron rechazar hace que la cosa gane interés. Simplemente porque introducir cadáveres es algo que anima cualquier juego o verbena, ya sabéis.

Los aficionados al futbolín, que por lo general usan a esos hombrecitos para ejercer sus venganzas personales contra el oponente, estarán contentos de saber que ahora pueden tener a cinco de esos mismos hombrecitos colgando de la pared, esperando a ser humillados por un sombrero sudado o una chaqueta tan vieja que te mantiene caliente porque al propio frío le da asco tocarla. O sea, que ni siquiera hay que girar la muñeca para ejercer nuestro poder sobre ellos. El ego de más de uno estará más que agradecido.