Imprescindible: espejo infinito que genera un portal dimensional en el cuarto de baño

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La imagen que devuelve un espejo suele ser la del tipo que se mira en él. Si no es así, probablemente estemos ante un bodegón o ante nuestra madre (se diferencian por la intensidad de la miradas de desprecio; una manzana tiene un límite establecido por el sentido del decoro que una madre desconoce por completo).

A ciertas alturas de la existencia uno ya está acostumbrado a lo que va a ver en el espejo, así que lo que en un principio se usaba para practicar miradas acaba siendo ignorado, con la temible consecuencia de afeitarse a ciegas mientras se ata los zapatos usando la excusa de ahorrar un tiempo, que, unido al que se ahorra ignorando las leyes ortográficas en los mensajes de texto, es posible que al cabo del día te proporcione los siete minutos extra que necesitabas para babear frente a la pared o encontrar el santo grial, según las aspiraciones de cada uno.

El Espejo Infinito de Ben Finio, cuyas instrucciones encontraréis en el enlace, puede devolver tu imagen si es lo que deseas, pero también puede abrir un portal hacia otra dimensión que, por lo que uno puede intuir según los colores de los leds, está plagada de burdeles.

Hay que decir que no es obligatorio entrar en el portal; uno puede conectarlo mientras ejecuta sus movimientos intestinales y pensar en el infinito. Si dichos movimientos son correctos, no estará pensando en el infinito durante un tiempo infinito, que sería el tiempo que se necesitaría si nos atenemos a la parte teórica del asunto. En la práctica, el infinito es vivir en un quinto piso sin ascensor habiendo hecho la compra del mes. Así que con conectarlo un rato está bien.

Visto en Technabob

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