Mesa picNYC, el campo en el salón

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En el siglo XIX, todo picnic decente acababa con el fantasma de un antepasado aniquilando burguesas con la excusa de alguna profecía ancestral; esto cambió entre 1920 y 1945, donde se impusieron los picnics en trincheras con un menú basado en carne bien ahumada. Treinta años después, los picnics demostraban que el consumo de alucinógenos es la mejor técnica para aumentar la natalidad. Los ochenta dieron lugar a Mecano, así que mejor no hablar de ellos. En los últimos veinte años, los picnics han servido para que la gente compare hipotecas a campo abierto y, bueno, para que los pirómanos puedan planificar con calma la eliminación de esos árboles tan molestos.

La mesa PicNYC de Haiko Cornelissen rompe con toda la tradición anterior, ya que lleva el campo al salón. Con sólo unas cuantas cámaras de vigilancia bien distribuidas, podremos descubrir quién se esconde tras el oso Yogui (un cuñado, posiblemente). Está construida en aluminio, el césped es real y no incluye ningún bicho, aunque los gorrones acudirán a ti en el mismo momento en que la encargues.

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