Dicen que un paladar bien entrenado puede detectar matices muy delicados, diferencias ínfimas. Que si nos dan a probar dos productos buenos enseguida detectaremos el mejor y que, si nos dan otro mejor, lo notaremos enseguida y así sucesivamente hasta alcanzar los mejores productos.
Yo debo tener un paladar de cartón porque, por ejemplo, cuando un vino pasa de 20 euros la botella todos los encuentro estupendos. Por eso no acostumbro a pedir vinos más caros, me parecería una estupidez y un esnobismo. Soy incapaz de encontrar el calor de una tarde de verano o el reflejo del sol en los viñedos, lo máximo que he encontrado es un poco de corcho flotando; por cierto, o la gente tiene un paladar muy educado o el mundo está lleno de esnobs.
Esta original diseño de tetera fusiona el estilo de un reloj de arena con la funcionalidad de un reloj de cocina, permitiendo adecuar el tiempo de inmersión de las hojas en el agua. Según el tipo de té y el gusto del consumidor, si las hojas están demasiado tiempo pueden modificar el sabor, llegando a amargar el resultado final. ¡Oh, gran tragedia!, se ha estropeado un poco de té. Además se puede aprovechar el recipiente inferior como taza, un cacharro menos que lavar.






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