La silla coja te obliga a centrarte en lo que haces (o sea, sentarte en una silla)

El objetivo de Inactivité, la silla de dos patas, es que nunca te sientas lo suficientemente cómodo para desconectar del mundo. Su estructura te obliga a hacer pequeños movimientos para equilibrar la silla, manteniéndote en un constante movimiento que, de alguna forma, impide que tu mente se distraiga.

Esa es, por lo menos, la teoría de Benoit Malta. A mí simplemente me parece loable que alguien diseñe una silla incómoda a conciencia y que intente justificarlo, así que no me pienso quejar. Supongo que si la teoría funciona todos los que hicimos equilibrios con la silla durante toda la etapa escolar somos unos genios o por lo menos estuvimos muy centrados en lo que hacíamos. Que era, bueno, nada. Pero hay formas de no hacer nada mejores que otras, eso está claro.

Visto en Lauguing Squid

Silla escorpión para los muy, muy malignos

Así que eres malvado. Te gusta golpear las yemas de los dedos entre sí mientras urdes planes de conquista global. Acaricias al gato mientras ríes al recordar dónde has colocado las trampas para que todo maldito héroe que te desafíe sucumba suplicando misericordia. Te asocias con unos octogenarios U2 y decides encasquetar su terrible último a disco a todos los que tengan iTunes. Eres malvado, sí, lo sabes, te gusta y sabes que te gusta.

Lo que no sabes es que tu silla es una mierda. Ningún archienemigo de la humanidad cometería el ultraje de concebir maldades desde una vulgar silla de oficina que, vale, es giratoria y eso da mucho gustico, pero es indigna y no está a tu nivel. ¿Eres maligno? Pues aquí tienes una silla con forma de escorpión. Tranquilo, no pica (sería una muerte muy estúpida). Es una creación del ruso Vyacheslav Pakhomov y la vende por algo más de 5.000 euros, una nimiedad para ti, que has conseguido que las multinacionales financien tu ejército de clones de Yoko Ono a 7 euros la pieza. No sé a qué estás esperando. Y si lo de revivir a Pink Floyd también ha sido cosa tuya, que sepas que te has pasado. Esos son intocables. Prepara las trampas y unas magdalenas, que esta tarde invado tu mansión.

Visto en Oh Gizmo!

Silla impregnada de aura maléfica

La silla Coppelius de Yaara Derkel es todo lo maligna que una silla puede ser sin dejar de ser una silla. Es decir, una silla que no te deje sentarte en ella es evidentemente maligna, pero también pierde su funcionalidad como silla y se queda en un conjunto de madera que te evita, lo que viene a ser un Pinocho reaccionando ante un fumador.

Nada de eso: uno se puede sentar en la silla Coppelius y sentir su aura de maldad; al momento escuchará voces en su cabeza que no pertenecerán a ningún grupo de Whatsapp (aunque manden bailarinas al cerebro) y le harán sugerencias malignas como ir a una estación de trenes y abrazar a las parejas que ya se estén abrazando para cortarles su emotiva despedida. Estamos hablando de voces muy, muy malas.

Lo peor de la silla Coppelius es que, cuando no es maligna, es terriblemente fea. Lo podéis comprobar en la fotografía. De hecho, tener esa silla en casa ya denota una clara inclinación por el mal gusto, y de ahí a intentar conquistar el mundo hay un paso.

Visto en Design Boom

La imprescindible Silla sin Silla

La Silla sin Silla es un exoesqueleto que cumple la función primordial de una silla: servir de soporte para el culo y sus extensiones. El resto de usos de una silla (arma en peleas de bar, castigadora accidental de meñiques y objeto de deseo de las cabareteras) han sido vilmente olvidados para centrarse en el reposo.

El funcionamiento es sencillo: uno se viste con la Silla sin Silla, se coloca en la posición que le resulte más cómoda, presiona un botón y el exoesqueleto fija esa posición. Así, uno queda sentado en el aire y en principio no se le puede pedir más a la vida.

El problema aquí es el valor emocional que cada uno adjudique a su centro de reposo: está claro que una silla que te sigue a todos lados es fiel, pero también muy sumisa. Una silla cómoda a la que tengas que llegar se transforma en algo casi quimérico, una aspiración, un Monte del Destino de 20 euros, una gesta que te supone un esfuerzo después de un duro día sopesando el peso de tus genitales en la oficina. Es simplemente perfecta.

Es tan perfecta que una vez llegas a ella y consigues sentarte te recuerda que no has comprado el pan y te obliga a bajar de nuevo.

Visto en Oh Gizmo!

Y a esto lo llamo yo una restauración

Este es el típico ejemplo de cómo transformar un objeto inservible y feo en algo igualmente inservible pero hermoso. Quizás "inservible" no sea el término adecuado. Está claro que uno se puede sentar ahí; el caso es que no creo que aguante mucho. Este tipo de sillas sólo se usa para invitados odiosos que es mejor no tener mucho tiempo en casa.

Pues bien, alguien llamado reallylovely encontró esa silla en una tienda de segunda mano y, de alguna forma que me cuesta entender, vio en ella el potencial de transformarla en una silla de Hora de Aventuras, esa surrealista serie que es mucho más de lo que parece.

De hecho, el nivel de restauración es tan alto que, ahora sí, se torna en un objeto totalmente inservible simplemente porque nadie en el mundo tiene un culo digno de sentarse en esa silla.

Visto en Nerd Approved

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan



Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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