Calcetines mininos para sillas

Calcetines silla 3

Calcetines silla 1Los calcetines mininos para sillas son, por supuesto, una idea de una empresa japonesa de nombre Tokyo Case. Y, como no podía ser de otra forma, son adorables.

Son una decisión estética que transforma a las sillas en seres que sienten frío porque tienen todo el día los pies en el suelo, motivo de resfriados, enfermedades derivadas y divorcios con ausencia de razones de peso. Añadiendo este complemento transformamos a las sillas, les damos un carácter (pasivo) y un motivo de queja (el frío); es decir, que las sillas podrían sumarse al grueso de la población mundial y nadie notaría la diferencia.

Hay múltiples modelos de calcetines entre los que elegir; podéis verlos en su página. De todas formas, hay algo que yo haría en caso de conseguir los calcetines, y es echar siempre polvos de talco en su interior antes de ponérselos. Pura deformación profesional.

Calcetines silla 2

Visto en Laughing Squid

Solución low-tech para intentar infartar al jefe

boss killer

Un método económico y sencillo para intentar enviar al otro barrio a tu jefe o a cualquier compañero de oficina digno de sufrir un muy severo castigo. Solo se necesita una bocina de gas bien cargada, un rollo de cinta adhesiva y una silla de esas tan cómodas que tienen los privilegiados, de las que se hunden un poco al sentarse.

Evidentemente no podemos garantizar la efectividad pero, por probar, se pierde poco.

Visto en Bitsandpieces

El Taburete de Control

El Taburete de Control es la herramienta definitiva para aquellos que cuentan las calorías que comen y los litros que beben. Cierto es que podemos hacernos una idea de nuestra alimentación restando el peso de las deposiciones, aunque eso supone disponer de una fría balanza en la que apoyar el culo acompañada de un notario, algo que no está al alcance de todos.

Lo bueno del Taburete de Control es que nos da la información en tiempo real, en el mismo momento en el que los alimentos pasan a formar parte de nuestro yo más íntimo (el del estómago, claro). Tiene que ser toda una experiencia comer y escuchar el crujido de la aguja mientras va girando hacia la derecha sin misericordia, arrastrándonos hacia un abismo insondable del que no podremos salir jamás; y eso contando con que podamos entrar, algo que depende de la circunferencia de nuestra cintura, que en esos momentos estará generando un campo gravitatorio a su alrededor con diversos satélites orbitando sin grandes pretensiones (las aspiraciones de un satélite son más bien pocas).

Pero, como sabemos, los usos de un taburete son múltiples y hay uno que destaca entre todos ellos: su función de arma de mano en las peleas de bar. Si somos lo suficientemente rápidos podemos golpear con el taburete y mirar la aguja para saber cuánto le pesa la cabeza al tipo que ha recibido el impacto, recibiendo un nivel de gloria equivalente a dicho peso.

Visto en Like Cool

La silla coja te obliga a centrarte en lo que haces (o sea, sentarte en una silla)

El objetivo de Inactivité, la silla de dos patas, es que nunca te sientas lo suficientemente cómodo para desconectar del mundo. Su estructura te obliga a hacer pequeños movimientos para equilibrar la silla, manteniéndote en un constante movimiento que, de alguna forma, impide que tu mente se distraiga.

Esa es, por lo menos, la teoría de Benoit Malta. A mí simplemente me parece loable que alguien diseñe una silla incómoda a conciencia y que intente justificarlo, así que no me pienso quejar. Supongo que si la teoría funciona todos los que hicimos equilibrios con la silla durante toda la etapa escolar somos unos genios o por lo menos estuvimos muy centrados en lo que hacíamos. Que era, bueno, nada. Pero hay formas de no hacer nada mejores que otras, eso está claro.

Visto en Lauguing Squid

Silla escorpión para los muy, muy malignos

Así que eres malvado. Te gusta golpear las yemas de los dedos entre sí mientras urdes planes de conquista global. Acaricias al gato mientras ríes al recordar dónde has colocado las trampas para que todo maldito héroe que te desafíe sucumba suplicando misericordia. Te asocias con unos octogenarios U2 y decides encasquetar su terrible último a disco a todos los que tengan iTunes. Eres malvado, sí, lo sabes, te gusta y sabes que te gusta.

Lo que no sabes es que tu silla es una mierda. Ningún archienemigo de la humanidad cometería el ultraje de concebir maldades desde una vulgar silla de oficina que, vale, es giratoria y eso da mucho gustico, pero es indigna y no está a tu nivel. ¿Eres maligno? Pues aquí tienes una silla con forma de escorpión. Tranquilo, no pica (sería una muerte muy estúpida). Es una creación del ruso Vyacheslav Pakhomov y la vende por algo más de 5.000 euros, una nimiedad para ti, que has conseguido que las multinacionales financien tu ejército de clones de Yoko Ono a 7 euros la pieza. No sé a qué estás esperando. Y si lo de revivir a Pink Floyd también ha sido cosa tuya, que sepas que te has pasado. Esos son intocables. Prepara las trampas y unas magdalenas, que esta tarde invado tu mansión.

Visto en Oh Gizmo!

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan



Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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