
Los niños tienen su propia escala para medir las cosas, y si una cosa les gusta mucho, normalmente no tienen medida. Recuerdo a mi sobrino llevando una capa (trapo de cocina para los adultos), cogida con unos imperdibles, durante unas vacaciones de Semana Santa. Y cuando digo unas vacaciones quiero decir todas las vacaciones, no a ratitos o para jugar, sino todo el santo día.
La compañía nipona Kiko ha creado Ashiato, unas sandalias de estilo tradicional japonés, pero con la particularidad de que dejan la huella propia de un animal, haciendo nuestros paseos por la playa mucho más divertidos e induciendo a los niños a buscar charcos para ir dejando huellas y haciendo ahorrar un dinero importante a sus padres, ya que sólo querrán llevar las sandalias de la huella y nada más que eso todo el verano. Las peleas para que el niño se ponga otro calzado también están servidas.

La lista de animales a elegir es corta: gato, salamanquesa, buho, mono y saurio. Yo personalmente creo que haría falta la huella de la gallina, del cerdo, del pato, de la rana y del caballo, y como nota de color, se podrían hacer unas con la huella de la pata de palo de un pirata, es decir, un pie normal y el otro un circulo, y otras para niñas, muy niñas, de huellas de zapatos de tacón de aguja.
Otra utilidad es como herramienta de eco-activismo, por ejemplo, hay una cacería y la noche antes se pasean por la zona los eco-activistas, con las sandalias de pato, gato, etc, despistando a los infortunados cazadores, que no podrán seguir el rastro de sus presas. Eso sí, existe el riesgo de que algún activista resulte herido por error, evidentemente por el disparo de un confundido cazador.
Como las sandalias son de madera, son poco aconsejables para llevar por casa. Ha de ser un tormento tener un vecinito/a con las sandalias todo el día arriba y abajo.