
¿Quien no se ha ido de excursión con un grupo de amigos y al volver después de visitar los bares locales, flotando entre los vapores etílicos hemos escogido un saco de dormir, nos hemos introducido y dormido la "pea" tranquilamente?
Pero al día siguiente descubrimos, aterrorizados, que el saco en el que descansamos no es el nuestro. En nuestra defensa el color es similar y de noche todos los gatos son pardos, pero ¿cómo hemos podido confundirnos? La textura es diferente y el olor también, vaya taja llevábamos para meternos en ese inmundo saco de mierda, nunca mejor dicho y para colmo el "okupa" de nuestro saco nos los retorna en un estado no mucho mejor.
Para que esto no vuelva a ocurrir, en Japón han creado el saco de dormir faraónico, con el estampado del típico sarcófago egipcio, es decir, que al fin podremos dormir en el auténtico saco de dormir momia. Como la web del fabricante está en japonés y mi conocimiento de ese peculiar idioma está limitado al Moshi-moshi y a nombres de platos de su deliciosa cocina, la comodidad, como el valor en los militares, se la suponemos y podemos deducir que la longitud del saco es de 215 cm por lo que los japoneses no son tan bajitos como pensamos.

Hay también un modelo con un gráfico de estudio anatómico, como el típico libro de primaria, que tiene un puntito gore que puede ser divertido. Te enrollas a una "chati" para ir de excursión, cuando llegas al camping sacas el saco anatómico, y la muchacha tiene garantizada una noche inolvidable, pero sólo por el canguelo de dormir con un tío tan raro, si es que llega a dormir. Si hay "feeling" podemos jugar a los médicos con un poquito más de criterio, "te toco el intestino delgado, huy! me he equivocado, que es el grueso", "que bonito par de pulmones!".
Pero para batir el record de rareza tienes el saco de dormir de atún rojo, ¡quien quiere parecer un atún, so besugo! mira que eres raro. Supongo que si el fabricante fuese español tendríamos los modelos chorizo, morcilla o butifarra u otra vianda alargada.

P.D. Parece ser que los nipones asocian una burbuja en la nariz con tener sueño. "Cosas veredes, Sancho, que harán temblar las paredes".