Cuando un libro es lo suficientemente apasionante como para colapsar las funciones corporales, pasar de página es un suplicio. No ocurre demasiado a menudo (por suerte para el sistema digestivo) y he de decir que, en mi experiencia, sólo me ha pasado dos veces: una con la trágica historia de un perro que quiere ser ministro y lo consigue, pero se queda enganchado a una Yorkshire y llega tarde a la investidura; la otra, con la esclarecedora autobiografía de la mano de Hitler escrita de su puño y letra.
Antes de que Ramoncín publique su concienzudo estudio sobre Kurt Cobain y el grunge, deberíamos agenciarnos este maravilloso y simple pasador de páginas de Joseph Herscher. Así podremos evitar toda interrupción y concentrarnos al máximo. Es una sugerencia.
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