Cómo tatuar a tu vástago sin tatuarlo

Lo sé, lo sé: cuando al rey de la casa le da la rabieta lo primero que a uno se le pasa por la cabeza es llevarlo a un tatuador y plantarle un pene alado en la espalda para recordarle quién manda en casa.

Es una medida drástica y hay que evitarla siempre; recordemos que esos pequeños crecerán y nos podrán pagar con la misma moneda, que previamente nos habrán pedido (lo que jode todavía más).

El Body para Bebés Macarras es una forma de dar salida a esa frustración y tatuar al niño sin tatuarlo. Hacerle la cresta es opcional, claro, pero no sería lo mismo. Yo también agregaría algún piercing y sombra de ojos, pero, en fin, mi sentido de la paternidad está íntimamente ligado a mi sentido arácnido y no los distingo con claridad, así que no soy el mejor ejemplo a seguir.

Visto en Dude I want that

Creando trajes suntuosos con elementos caseros

Aviso a navegantes: voy a contar un episodio de mi vida.

Tendría unos ocho años cuando en el colegio se convocó una fiesta de disfraces, probablemente con motivo de alguna celebración local que no recuerdo. Mi familia era (y es) poco pudiente, lo que no debería suponer un problema en estos casos. El asunto es que también eran creativamente pobres, así que no podían suplir la carencia de medios de ninguna forma. Resultado: a la hora de elegir disfraz mis opciones eran una enorme bolsa de basura negra y unas cuantas, más pequeñas, blancas. Así que salí de casa cubierto de una bolsa de basura usando las bolsas pequeñas a modo de complementos: cinturón, bufanda, pañuelo pirata y, además, me maquillaron la cara de un blanco brillante no sé exactamente con qué propósito. Hay que añadir que en esa época yo era una bola rodante, así que imaginaos el cuadro.

Ni que decir tiene que volví a casa con el disfraz hecho añicos.

No puedo saber por qué acepté salir con esas pintas ni por qué me dejaron hacerlo, máxime cuando mi abuelo era un baluarte local del disfraz que se pasó toda la posguerra contando chistes en bares, haciendo uso de cuantos disfraces se le ocurrieran con la intención de no repetir jamás. Un showman nato. De hecho, las únicas fotos que se conservan de él lo muestran con disfraces; mis recuerdos se debaten entre esas fotografías y las imágenes mentales que tengo de él ya postrado en cama. Normalmente ganan los primeros, claro, porque me parecen más representativos. Y porque molan más, qué demonios.

¿A qué viene todo esto? Básicamente a que tengo el día cruzado. Pero a eso hay que sumar el trabajo de una madre y su hija en FashionbyMayhem, que se dedican a fabricar ropa con elementos caseros y lo hacen con una habilidad extrema. Aquí sólo podréis ver unos cuantos ejemplos, pero en su página encontraréis multitud de ellos y (más importante) los procesos necesarios para fabricarlos. Supongo que aconsejarán no usar bolsas de basura porque no permiten transpirar; si no lo dicen ellas os lo digo yo.

Visto en Laughing Squid

Alta Costura Star Wars

Todos sabemos que la famosa saga de George Lucas Disney ha generado todo tipo de productos de mercadotecnia, desde juguetes a muebles. Pero nunca me habría imaginado una línea de alta costura basada en sus personajes. Como se ha podido ver en la presentación de la próxima línea de moda otoño/invierno de Rodarte, los estampados que decoran los vestidos muestran imágenes de Yoda, Luke, C3PO o la Estrella de la Muerte.

Tras semejante presentación, frikis y modistas han revolucionado las redes sociales y el mundo de la moda se ha vuelto loco en Internet. Entre las críticas de los diseñadores y el entusiasmo de los fans de Cheewaka pidiendo un modelo con su imagen, se ha llenado de Tuits la cuenta de Rodarte.

Visto en FashionablyGeek.

El tendedero contra contagios

Hay un problema con los tendederos convencionales y se llama contagio. Con que sólo una de las prendas a secar desprenda cierto olor a humedad el resto absorberán ese olor y te pondrán en la obligación de llevarlas puestas hasta que la siguiente lavadora se seque. Consecuencias: el olor llegará hasta las granjas colindantes, donde caballos, aves de corral y granjeros levantarán las orejas al percibirlo y correrán prestos a tu encuentro para iniciar la temporada de celo.

Pero el contagio de los tendederos es también emocional: una prenda con la que hayas fracasado en cualquier intento que se seque junto a una prenda que cumple sus objetivos (el pijama de dormir con Valium, por ejemplo) podrá hacerla partícipe de su desgraciada existencia y hacerle ver las cosas más oscuras. Consecuencias: el pijama de dormir con Valium ya no te da sueño y a los pantalones de correr media horita todos los días para hacer algo de deporte les siguen faltando 20 minutos.

Aaron Dunkerton tiene la solución: su Tendedero Estrella consigue que la circulación del aire entre la ropa sea más eficiente y reduce el contagio al mínimo, a no ser que estés secando al chimpancé de 28 Días Después, le entre hambre y le contagie la rabia a la ropa. Y después de eso, cualquiera plancha.

Visto en Incredible Things

Suéter que cambia de color según tus emociones

La gente suele expresar sus emociones mediante gestos y palabras. A veces incluso combinan las dos cosas y uno tiene que dividir su atención entre escuchar el discurso gritado, evitar los platos que vuelan en su dirección y responder a su grupo de Whatsapp "Hoy la liamos ¿sí o no, copón?" que hoy ya está bastante liado y no va a poder ser.

Para la gente de Sensoree todo esto es innecesario (sobre todo lo de los platos), así que han diseñado un suéter plagado de sensores que cambia su color según el estado de ánimo del portador.

Aprendiéndose la tabla que podéis ver arriba uno puede saber cuándo acercarse a alguien y preguntarle cómo está (sólo cuando esté en azul) o cuándo pedirle dinero (cuando esté en marroncito claro, que está en su mundo y todo le da igual). Algo realmente útil que espero se instale en la sociedad con celeridad para ver cómo se interpretan las manchas de café y de ketchup.

Visto en TIME

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan



Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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