
Todos suponemos que el fin del mundo lo causará una catástrofe nuclear, una invasión alienígena o una digestión mal hecha; lo que nunca podríamos imaginar es que todo empezaría en Ängelholm, Suecia, en la cocina de un soltero.
Un sueco que no ha querido revelar su nombre ha fabricado un reactor nuclear en su cocina en aras de la experimentación casera. Por supuesto, el reactor ya ha sido desmantelado y el tipo detenido. Un análisis en profundidad de esta historia nos dará una idea más clara de lo sucedido:
Hace seis meses, un sueco se dijo a sí mismo: "demonios, debería poner un reactor nuclear en la cocina", y se puso a ello. Adquirió los materiales en el extranjero por unos 1000 euros y creó un blog para dejar constancia de la hazaña.
Hace dos semanas, el mismo sueco se dijo a sí mismo: "a lo mejor esto de construir un reactor nuclear en la cocina no es del todo legal; debería consultarlo", y contactó con el Centro de Radiación Sueco. Allí le dijeron que mandarían a alguien para medir los niveles de radiación en la casa.
Ayer, el sueco aficionado a la física abrió la puerta de su casa y se encontró con los tipos del Centro de Radiación Sueco acompañados de policías. Desmontaron el reactor en un santiamén y se llevaron al chef nuclear para hacerle unas preguntas. En el posterior interrogatorio (que tiene que haber sido una maravilla), el físico de andar por casa se declaró culpable de, bueno, construir un reactor nuclear en la cocina de casa por el simple placer de hacerlo. Pero, eso sí, "siempre monitoreando las radiaciones con un contador Geiger" (esta frase debe de ser el salvoconducto típico de los físicos cuando hacen algo mal).
Libre y sin cargos, el sueco anónimo y treintañero de la localidad de Ängelholm ha vuelto a casa y ha visto ese hueco desolador en la cocina. Y se ha dicho a sí mismo: "demonios, debería..."
Visto en Yahoo!

La típica frase que nos dicen cuando nos vamos de vacaciones a un sitio chulo es: "llévame en la maleta!" a sabiendas de que eso es bastante difícil de conseguir. Sin embargo, María del Mar Arjona, de 19 años, debió pensar que no era tan mala idea para sacar a su marido, Juan Ramirez Tijerina, de la prisión de Chetumal (México) donde estaba condenado a 20 años por posesión ilegal de armas desde 2007.
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