
Todos sabemos que tener la herramienta adecuada es tener la mitad del trabajo hecho, pero quién es el guapo que, estando subido en una escalera y teniendo unos alicates en la mano, baja la escalera, coge un martillo y vuelve a subir la escalera para rematar un clavo. Por favor no mientas, ¡que somos españoles!
Para evitarnos viajes y aligerar nuestra conciencia de la carga de ser un chapuzas irrecuperable, existe el martillo-alicate, que nos permite realizar ambas funciones con la misma herramienta. Sólo le hace falta un abridor para que sea la herramienta perfecta del chapuzas dominguero que todos llevamos dentro. Y, si las cosas salen mal, como dice el proverbio: siempre podremos echar la culpa a la herramienta.
La opción de un cinturón para las herramientas únicamente es viable si eres profesional o tienes el vientre más o menos liso, porque si en lugar de la famosa tableta de chocolate vives rodeado de una ristra de morcillas, el cinturón parece más un flotador acentuando tu curva de la felicidad, que si la llamáramos con propiedad sería la curva del cachondeo.

Otra imagen que ha venido directamente a mi mente ha sido la de la película "The Wall" de Alan Parker, con la música de Pink Floyd y sus legiones de martillos marchando hacia el horizonte. Con el martillo-alicate hubiera sido mucho más acertado. ¡Ah, benditos 80's!




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