
Definitivamente, me encantan los japos. Sólo una civilización privilegiada y objetivamente superior es capaz de inventar un cacho de plástico especialmente diseñado para ejercitar los labios.

¿Y para qué, se preguntará el lector occidental, pueden servir estos ejercicios? Pues hombre, a mí se me ocurre una utilidad muy clara. ¿Quién no ha tenido que hacer de pez en alguna obra de teatro? Pues aquí tienes la herramienta esencial para practicar.
Y bueno, si lo pensamos un poco, igual le encontramos alguna utilidad más. No sé... a ver si se me ocurre algo... no sé, creo que es el regalo ideal para San Valentín. Espero que mi novia no lea esto, y así no descubrirá la sorpresa...
Visto en Gizmodo

Si hay algo por lo que realmente merece la pena la vida es por las benditas patatas fritas. Ahora, con el 


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