
A mí no me engañan: una clínica dental es una sala de torturas, así que una clínica dental rosa es una sala de torturas rosa. Y ya está. Que se llame Heart Dental Clinic, tenga a Hello Kitty por mascota y esté en Tokio no cambia nada.
Que sí, que tienen que existir porque algo hay que hacer con los dientes, pero eso no quita que, al igual que el león es el enemigo natural de la gacela, el dentista sea el enemigo natural de la felicidad. El gran obstáculo. Una vez acaba todo y ves la luz y vas hacia ella, una mano sale de la oscuridad, te intercepta y te encasqueta un algodón en la muela del juicio, y eso es cruel: no se pueden meter algodones en la boca a lo loco, que uno tiene una imagen y un historial médico con enfermedades muy dignas, con sus síntomas, sus estados febriles, sus encefalogramas, sus radiografías, sus sospechas de Lupus que devienen un resfriado común, sus indigestiones de placenta,... pero a ellos tu currículum les da igual, no van a respetar el trabajo que uno se toma para conseguir dolencias espectaculares, qué va: se van a poner un espejo en la frente y te van a meter el vil algodón como si fueras cualquier trozo de carne que pasa por ahí, así que ni rosa ni Hello Kitty ni leches, que no nos engañen, que si pagamos por nuestra tortura la queremos real, cruda, sin filigranas.
Vamos, que me he encendido. Me voy al sótano a empalar ratas. Os dejo con una técnica tradicional para quitarse dientes que no precisa de algodones ni de intermediarios. El hombre enfrentándose solo a su destino.
Visto en BuzzFeed




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