
A uno de mis tíos le encantaba comer callos a la madrileña porque le decía que le gustaba esa sensación parecida a volver a comerlos cuando le repetían. Supongo que si le gustara el bacon celebraría con fuegos artificiales el advenimiento de este hilo dental con sabor al derivado del cerdo.
Sí, amantes del hermano anglosajón de la panceta, el artículo definitivo para cuidar nuestros dientes sin renunciar al sabor más auténtico ha llegado. No hay nada más que decir: a partir de ahora todo es silencio y grasa en nuestras venas.
Por cierto... ¿alguien me puede decir por qué esta obsesión por el bacon?, ¿para cuándo algo con sabor a jamón serrano que no sean las patatas de bolsa?
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