Cómo hacer una cuchara de emergencia (y por qué)

Si necesitas una cuchara eres un tipo normal. Si necesitas una cuchara de emergencia es que la evolución no se ha portado muy bien contigo. Te ha dejado de lado, se ha ido a otros quehaceres, no sólo tienes pocos midiclorianos sino que además debes un buen puñado a unos tipos más inteligentes que tú y que decididamente jamás necesitarían una cuchara de emergencia porque tienen dos cosas de las que tú careces: sentido común y manos. Así que descartamos a los tiranosaurios.

Pero digamos que necesitas una cuchara de emergencia porque, bueno, es una emergencia. Te preguntaron qué te llevarías a una isla desierta, dijiste que un libro de poesía porque había féminas en el grupo y al día siguiente amaneciste en una isla desierta maldiciendo a tu yo del pasado mientras mordisqueabas versos.

Pues así y todo, necesitarías una botella de plástico y unas tijeras para fabricarte una cuchara de emergencia. Por suerte, las botellas de plástico abundan en las playas. Las tijeras no. Pero da igual: vamos a suponer (sólo por encontrar soportes para la línea de pensamiento) que encuentras unas tijeras dentro de un coco. Tijeras dentro de un coco: no son raras, he visto cosas más punzantes en el interior de lugares menos peludos, así que no pongáis esa cara.

Para acceder a las tijeras has partido el coco. Con tus manos. Tienes manos. Pero necesitas una cuchara de emergencia. Porque habrá comida que no puedas comer sin la cuchara de emergencia. Queda claro, ¿no? Porque una cuchara de emergencia es bastante más digna que comer con las manos. Está claro, ¿no? ¿O qué? Yo lo tengo claro.

Pues eso: si tienes una botella de plástico y unas tijeras puedes hacerte una cuchara de emergencia.

De nada.

Visto en Laughing Squid

    

Kit para dietas infalibles

Hace un tiempo descubrimos cuál era el valor exacto de la cantidad denominada "media cuchara", tan querida por los nutricionistas. Resultó ser media cuchara. Pero en las dietas más extremas se usa otro tipo de medida tampoco estandarizada que hoy vamos a intentar establecer. Se trata de "un poco de nada", "unas gotitas", "apenas el sabor" o "estrictamente prohibido (guiñando un ojo)".

Hay que empezar diciendo que esta medida se basa en la frustración que provoca el hecho de no poder probar más de un poco; parece que esa frustración segrega una sustancia que recorre el cuerpo y lo va adelgazando a medida que avanza. Es más o menos como un rastrillo. Esa sustancia está en un limbo entre "¡bien, voy a probar un poco!" y "¡mierda!, ¿ya está?". Está formada básicamente por odio: hacia el nutricionista, hacia uno mismo y hacia la comida, aunque el odio hacia la comida no es del mismo tipo que los anteriores porque es un odio halagador ("maldita seas, zarzaparrilla, ¿por qué estás tan buena?"). Dados los componentes de la sustancia, la comunidad científica se refiera a ella con el sobrenombre de motherfuckin' substance, y la forma más gráfica de explicar su comportamiento es el de un líquido con muy mala leche que va por la sangre insultando a líquidos más espesos y arrinconándolos.

Para segregar la motherfuckin' substance no hace falta más que reprimirse a la hora de comer, pero si uno quiere ser efectivo tendrá que hacer uso del impacto visual para que la frustración aumente y se libere más sustancia. El Fool-Proof Diet Kit nos ayudará a conseguirlo. Formado por una cuchara agujereada y un tenedor que no pincha, nada en el mundo podrá enfadarnos más que estar cerca de la comida sin tener acceso a ella. Un montón de motherfuckin' substance será segregada en cada comida y nos llevará poco a poco hacia ese paraíso donde se nos caen los pantalones sin ser raperos.

Visto en Incredible Things

    

Servir ensaladas con la mano: ese sueño hecho realidad

Servir la ensalada es un ritual que todo anfitrión debe conocer y llevar a cabo con rigor y disimulo, midiendo cantidades y susurrando los nombres de los comensales mientras les llena el plato para hacerles sentir parte del festín. Normalmente esto se hace con un cucharón, un tenedor y una cuchara sujetadas a modo de pinza o inclinando el recipiente y empujando el contenido sobre el plato mientras el comensal le hace gestos para que pare a modo de maniobras de aparcamiento (esto último es más informal y no siempre está bien visto).

Pero lo que realmente todos queremos hacer es servirlo con las manos. Un instinto despierta en nuestro interior cuando vemos la ensalada y nos cuesta mucho no meter la mano y empezar a repartir verde con el máximo desprecio posible. Tenemos todas las leyes sanitarias y de higiene en contra, pero eso es precisamente lo que lo hace más interesante y tentador. Esto está más o menos solucionado con las Manos Para Servir Ensaladas, que además cada uno puede fabricar en su casa a gracias a Marcie y las instrucciones que podréis encontrar en su enlace. Y con esto anulamos una más de las frustraciones de la vida. Que alguien la tache de la lista.

Visto en That's Nerdalicious

    

La medida del verano: media cuchara

Nadie ha dado con una fórmula exacta para establecer la medida "media cuchara de azúcar", puesto que no hay un estándar para cucharas (o por lo menos, no desde la invención de los bazares). Ya que lo que uno puede meter en una cuchara se agolpa en un cono, media cuchara sería la mitad de ese cono, y eso es algo difícil de calcular. Los que hacen dietas saben muy bien de lo que hablo.

El que quiera puede consultar este artículo de matemaTICs para calcular la proporción exacta. Pero como opción siempre tendremos la desde ahora imprescindible Media Cuchara, de tan sólo 6 euros. Con ella nos veremos liberados de todo exceso y podremos repetir postre y hartarnos de bollería industrial porque sabremos que nunca nos pasaremos de la media cuchara de azúcar, y eso nos salva y, de alguna forma, nos santifica. Hay casos de gente a la que le ha salido un halo alrededor de la cabeza por respetar la media cuchara (y no lo digo yo, son las estadísticas).

Los más aburridos pueden recurrir a la sacarina y arriesgarse a que los camareros le miren mal, los clientes susurren entre sí y una niebla espesa se forme en lontananza. Allá cada uno con sus preferencias.

Visto en Gizmodiva

    

Cucharas comestibles

Cubiertos comestibles: no hay que fregarlos, sólo ocupan sitio en tu estómago (y por poco tiempo) y no tienes que recordar las lecciones de protocolo para localizar el sitio de la mesa en la que se colocan, ni a qué comida pertenece cada uno. Por esa parte, todo ventajas. Lo malo: no sirven como arma para defender el hogar de indeseables ni pueden combinarse con el papel de plata para establecer comunicación con entes del espacio exterior (a no ser que dichos entes se comuniquen mediante cubiertos comestibles usados de forma percusiva, lo que pondría en cuarentena la expresión "civilización tecnológicamente avanzada").

Las cucharas comestibles de Triangle Tree están hechas de maíz y pueden ser tanto dulces como picantes, según la combinación que queramos hacer con la comida.

Visto en Geekologie

    
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Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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