Desde hace años los psicólogos infantiles insisten en que hay que evitar a toda costa que los más pequeños reciban como regalo juguetes sexistas.
Especialmente inciden en el hecho de que es muy beneficioso que los niños jueguen a muñecas, a cocinitas y a otros juegos simbólicos relacionados con la vida hogareña. Eso está muy bien, supongo, como base de la educación de las criaturas.

Un niño feliz
El problema es que, en muchos casos, cuando le regalamos una Barbie a un niño, la respuesta automática es mirar qué tiene debajo de la falda, ver de qué armas dispone su nueva "amiga" e, inmediatamente después, aliviar su frustración con la ayuda de algún otro muñeco más poderoso y convenientemente armado, iniciando una lucha desigual que acaba sin remedio con la rubia destrozada y abandonada en un rincón de la habitación.
No, no se le puede dar así, directamente, una Barbie o similar a un niño. Hay que encontrar estrategias para que, poco a poco, el chaval, sin darse cuenta, vaya entrando en esa dinámica positiva donde se valore la igualdad de sexos y todas esas cosas.
Turbo Heather, es uno de esos juguetes pensados para que el proceso educativo sea satisfactorio.
Gracias a Gusku



A ver, un segundo, que mire... Umm, si, parece que estáis todos. Bueno, casi todos. Y es que una semana de vacaciones alejado del blog y parece que todo se desmorona, pero todo sigue igual de bien. ¿Qué tal el veranito?
Una cuidada selección para geeks, frikis, nerds y gente cool de las noticias, inventos y gadgets más originales del planeta.


