La increíble chaqueta de comida

Las bolsitas de cierre zip que se usan para guardar el sándwich, olvidártelo al sol y luego comértelo húmedo y blandito son también el elemento principal de la Ziploc Bag Jacket.

Que uno quiera o no vestirse con su menú depende exclusivamente de dicho menú y de lo orgulloso que se sienta de sus aptitudes culinarias, así que aviso ya: un traje de espagueti a la boloñesa es una idea maravillosa, pero en la práctica es muy repugnante abrazar a alguien con eso puesto.

El otro fallo que se puede contemplar sin profundizar demasiado reside en los gorrones, esas criaturas que acechan en las esquinas, bajo las mesas, tras las puertas, semejantes a gárgolas, que dicen ser tus amigos y que en cuanto te vean la chaqueta van a hacerse un menú mental con un entrante, primer plato, segundo, postre y champán. Y no vas a poder decir que no porque las existencias están a la vista.

Y una cosa más respecto al traje de espagueti: hay una técnica para saber cuándo los espaguetis están listos, y es lanzando uno hacia un azulejo y si se pega, se puede comer (esto no está comprobado por ningún chef, pero yo lo hago igualmente porque soy un chapucero en todos los ámbitos de la vida). Pues bien, chicas: que uno lleve un traje de espagueti no da derecho a lanzarlo contra un azulejo para ver si es lo suficientemente maduro para establecer una relación. Está claro que no lo es: lleva un traje de espagueti.

Visto en Obvious Winner

Así se come en una galaxia muy, muy lejana

Estoy completamente seguro de que en los últimos tiempos habréis oído hablar de un vídeo viral llamado How Animals Eat Their Food. Por supuesto, ha faltado tiempo para que aparezcan múltiples versiones, incluyendo How Pokemon Eat Their Food y otros animales no retratados en el primero.

Lo que nos hace detenernos entre toda esa maraña es uno titulado How Star Wars Characters Eat Their Food (Teddie Films), que incluye un momento épico en el que el propio George Lucas hace gala de su más depurada visión del cine.

Visto en Laughing Squid

 

Cucharas comestibles

Cubiertos comestibles: no hay que fregarlos, sólo ocupan sitio en tu estómago (y por poco tiempo) y no tienes que recordar las lecciones de protocolo para localizar el sitio de la mesa en la que se colocan, ni a qué comida pertenece cada uno. Por esa parte, todo ventajas. Lo malo: no sirven como arma para defender el hogar de indeseables ni pueden combinarse con el papel de plata para establecer comunicación con entes del espacio exterior (a no ser que dichos entes se comuniquen mediante cubiertos comestibles usados de forma percusiva, lo que pondría en cuarentena la expresión "civilización tecnológicamente avanzada").

Las cucharas comestibles de Triangle Tree están hechas de maíz y pueden ser tanto dulces como picantes, según la combinación que queramos hacer con la comida.

Visto en Geekologie

Pantalones con niveles de glotonería

Los pantalones con niveles de glotonería de Betabrand no son más que unos pantalones con niveles de glotonería, esto es, con tres botones. El primero de ellos, llamado "piglet", viene a significar que comerías más, pero, al estar acompañado, vas a suplir el agujero de tu estómago con un cigarrillo para no quedar como una bestia del averno.

El segundo ("sow") significa que has pasado desapercibido entre los comensales y, como la comida la paga la empresa, no te has privado de nada.

Mención aparte merece el tercero, sólo digno de personas sin escrúpulos y no pueden ser consideradas, desde un punto de vista estrictamente científico, humanas. Llegar al tercer botón supone empezar a sufrir mareos, vértigo y alucinaciones; sólo merece la pena si hay una apuesta de por medio.

Visto en Oh Gizmo!

Retrete fondue

Imagen: cinco personas a la mesa tratan temas irrelevantes mientras comen. Una de ellas, la que a todas luces parece más insegura, pincha mal la comida y ésta cae sobre la salsa salpicando la cara al comensal con un líquido marrón y pegajoso que resbala peligrosamente cerca de los labios. Ahora, añadid a la imagen las palabras "retrete" y "fondue" aleatoriamente y la imagen que se formará en vuestra cabeza será algo parecido a esto.

El Retrete Fondue cuesta 15 euros e incluye los tenedores pero no la vela. Está terminantemente prohibido hacer uso de él si la salsa no tiene un color oscuro; hay libertad para añadir matices (tropezones o granos de maíz) y, por supuesto, jamás hay que decir a los invitados que van a comer en ellos. La sorpresa será mayúscula cuando se les presente esto de entrante y desaparezcas en el aseo para traer el plato fuerte.

Visto en Book of Joe

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Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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