
Quien haya intentando dar una medicina a un niño pequeño sabe que esto no es fácil ni agradable tanto para los padres como para la pobre criaturita.
Por eso, a una mente preclara se le ha ocurrido juntar una jeringuilla y un biberón y crear lo que estáis viendo: una especie de "dosificador" de medicamentos. Sólo hay que coger con la jeringuilla la dosis exacta de medicamento, meterlo en un receptáculo que tiene el biberón (al que previamente hemos echado un poco de leche) y dejar que el bebé beba. Más detalles de su uso y precio en su página oficial.
Un efectivo cacharrito del que, según mi madre, deberían ser extensible a su uso para adultos. Supongo que con tan suspicaz comentario se refiere a que la única manera de que yo me tome un medicamento es mezclándomelo con cerveza.
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