
Los adictos al Facebook necesitan esta cortina de baño Social Shower Curtain, y los que no lo son, también.
Los primeros, para que sean conscientes de que ducharse es una necesidad. Cuando entren al baño a hacer uso del retrete, aunque lleven en la mano el smartphone para facebookear el evento al que están asistiendo, es muy probable que su mirada se dirija hacia ese perfil enorme con forma de cortina de baño. Quizá eso les haga reflexionar un poco y les anime a dejar los cacharros electrónicos unos minutos para limpiarse un poquito. Hay un problema evidente, y es que, aunque el adicto lo intente compulsivamente, tocando con los deditos la cortina no conseguirá actualizar su "status", y eso le puede provocar un molesto ataque de ansiedad histericoide, pero yo confío en que eso sólo le suceda las primeras veces.
Y los segundos, los que no presentan adicción a esa diabólica red social, también la necesitan, aunque sólo sea para hacer el chorra poniendo la cara en la ventana transparente que hay en lugar de la foto del perfil.


El cine se encarga de mostrar un entorno romántico para situar una escena amorosa, y no me refiero a un fontanero bajo el fregadero: una playa, una cama con pétalos de rosa esparcidos, una bañera.... Todo mentira. Hacer el amor en una playa, si es de piedrecitas, malo, estas se clavan por todos sitios; si es de arena, peor, la arena se mete donde no debe, y con la fricción, imaginaos; los pétalos de rosa dejan unas manchas en las sábanas que son casi imposibles de quitar. Además, las bañeras normalmente no son lo bastante grandes para que quepan dos personas, por lo que las posturas forzadas garantizan los tirones y calambres. Finalmente, está la diferencia de temperatura entre el agua y la loza de la bañera.


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