Madre cool convierte los desvaríos de su hija en hermosas ilustraciones

Hace falta tener una buena dosis de valentía para darle a tu hija de dos años algo que pueda manchar, bien sea un Plastidecor o un rotulador invisible (esos son peores porque la sorpresa te la dan por la noche). Pero Ruth Oosterman es una madre habilidosa y sabe cómo controlar a su pequeña bestia.

Ya que los niños reaccionan ante lo que tienen más cerca (la Ley del Mínimo Esfuerzo viene impresa en los genes), Ruth planta un lienzo frente a su hija y deja que haga lo que quiera. Poco después, es ella misma la que usa los garabatos y excentricidades salidas de la mente de su vástago como bocetos para ilustraciones como las que podéis ver.

Desde luego, el mérito es para ambas. Aquí podréis ver un corto vídeo donde se ve parte del proceso. La última foto muestra a la hija de Ruth en plena eclosión artística y forzando los límites del lienzo, lo que la acerca peligrosamente a la pared que hay detrás. Por suerte, y gracias a la ley anteriormente mencionada, la pared seguirá a salvo siempre y cuando haya un obstáculo delante.

Visto en Bored Panda

La Guerra de las Galaxias en Paint

Ah, el Paint... qué buenos ratos nos ha hecho pasar esa herramienta creada única y exclusivamente para llenar el vacío existencial postmasturbatorio. En el caso de los hermanos Dastoli ese vacío debió ser un agujero negro, allá en los noventa, cuando empezaron a recrear La Guerra de las Galaxias con el Paintbrush.

En total consiguieron crear 730 imágenes, cada una más espléndida y vigorosa que la anterior. Tardaron dos años en terminarlas y no saben muy bien por qué empezaron a hacerlo (todas las buenas ideas empiezan así; por desgracia, las malas también).

Para celebrar la aparición del episodio VII de la saga, los Daltoni han creado el blog de Tumblr Star Wars Paintbrush, donde subirán cada día una de sus ilustraciones hasta el estreno de la película, momento en el que cesarán sus actividades y, quién sabe, igual se inician en el Telesketch.

Visto en Yorokobu

Autorretrato en sangre con asistencia robótica

Ted Lawson es el hombre tranquilo que podéis ver en la fotografía. Y sí: está donando sangre a un robot para que éste pinte un retrato de Ted desnudo, lo que viene a ser el colmo de la pereza del artista.

En el vídeo podréis ver a la pobre máquina estresada, dando brochazos como si le fuera la vida en ello, mientras Ted se pasea a su alrededor. Hay una enfermera (un detalle que siempre se agradece, la verdad) y no se cortan a la hora de mostrar la jeringuilla. Lo digo por si hay gente sensible a las agujas; no me gustaría provocar mareos postvacacionales que os lleven a inventar excusas para no ir a trabajar. Aunque si lo hago, pues oye, de nada.

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Visto en Laughing Squid

Terrorífica, sexy y robótica: como a mí me gustan

Jordan Wolfson es un artista especializado en las instalaciones y la escultura. En su última obra ha colaborado con el estudio Spectral Motion; no tiene un nombre oficial, pero es la muchacha que podéis ver en la fotografía. Y no, no es humana. Tampoco es una robopilingui, es... bueno, no sé. ¿Impide eso una cierta dosis de palotismo? En mi caso no, aunque tampoco soy un parámetro a tener en cuenta: si dos piedras se frotan ante mí con cierta sugestión también me sirven.

El caso es que tiene un sistema de reconocimiento facial que usa para provocar ataques cardíacos entre los asistentes. Pero eso lo veréis en el vídeo:

Visto en Like Cool

El Museo del Arte Malo

El Museum of Bad Art de Sommerville es algo más que una muestra de chapuzas y despropósitos. Es difícil diferenciar el arte malo del bueno y, por lo que parece, ellos saben hacerlo. De alguna forma, y por lo que afirman en la entrevista, una obra de arte mala no puede ser concebida como tal: uno tiene que intentar hacerlo bien y en alguna parte del camino se liará o se volverá loco; según el resultado de ese error se podrá catalogar a la obra como mal arte o directamente tirarla a la basura.

Lo que sí está claro es que el museo se niega en rotundo a exponer obras que no sean divertidas o que no contengan algún elemento perturbador. El hecho de que estén mal ejecutadas suma puntos, sí, pero lo importante es que el espectador vaya pasando de cuadro a cuadro preguntándose continuamente qué pasaba en la cabeza de esa gente mientras hacían semejantes sacrilegios.
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No Puedo Creer... Que Lo Vendan



Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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