
Alguien muy inocente ha pensado que una boca de incendios hinchable podrá detener a las hordas de conductores ansiosos por pisar la playa. También ha pensado en el mayor enemigo de los hinchables, así que ha reservado en su zona inferior un espacio que permite llenarla de agua para que el viento no se la lleve, aunque creo que ese es el menor peligro que puede correr una reserva de aparcamiento.
Para los que somos eternos copilotos los 12 euros que cuesta la boca de incendios significa una especie de jubilación. Ya no tendremos que guardar el sitio de pie, expuestos a las inclemencias del tiempo y a las de los balcones (que suelen ser peores). Deberemos, claro, hincharla y vigilar que no nos vea nadie; y si todo eso sale bien, el conductor todavía corre el riesgo de que se produzca un incendio mientras da la vuelta a la manzana y todo se complique (suena improbable, pero por eso estoy tan seguro de que sucederá).
La pena es que yo apenas he visto ese tipo de bocas de incendio por aquí; normalmente están ocultas en la acera y supongo (corregidme si me equivoco) que no habrá una legislación que prohiba estacionar frente a ellas como ocurre en los USA.
En definitiva, un objeto que hace uso del miedo a ser multado, que es, junto al miedo a que te peguen chicles en el pelo, uno de los motores que hacen que la humanidad se siga moviendo.
Visto en Foolish Gadgets





Una selección para geeks, frikis, nerds y gente cool en general de las noticias, inventos y gadgets más originales del planeta.

