Miracle Machine: transforma el agua en vino en tres días

La Miracle Machine de Philip James y Kevin Boyer es ciertamente milagrosa. Ambos aseguran que la máquina transforma el agua en vino durante un proceso que tarda tres días. Hay que añadirle los ingredientes, eso sí.

Gracias a una aplicación se puede seguir el proceso mediante el smartphone; además, será la propia aplicación la que te indique los ingredientes necesarios para fabricar el vino. El resultado (siempre según los creadores) es excelente y nos augura un futuro en el que las calles estarán libres de tetra briks de Don Simón y los aficionados al vino de llevárselo puesto andarán cargados con botellas de Bezoya. Eso, sin duda, los hará más peligrosos, ya que pueden extirpar el cuello de la botella, ponerle un globo por tapón y atracar a señoras con el tirachinas improvisado. Y que te atraquen para pedirte agua es muy triste, la verdad. No sé qué futuro nos espera.

A continuación tenéis el vídeo de presentación de Miracle Machine. Os voy a dar una razón de peso por la que este proyecto no va a funcionar: el vídeo no tiene una guitarra de fondo. Y sin eso una presentación para recaudar fondos no es una presentación para recaudar fondos. Y ya está.

Visto en Like Cool

Ahorrando agua gracias a la ducha Uji

Brett Andler, Sam Woolf y Tyler Wilson son los creadores de la ducha Uji. El concepto parte de una idea muy sencilla: si se puede hacer a la gente consciente del tiempo que gasta en la ducha, seguro que se darán más prisa. Por eso la ducha Uji empieza a funcionar con una luz verde y llega al color rojo a los 7 minutos. En ese momento, explota llevándose consigo la vida del que se estaba duchando, parte del cuarto de baño y alguna mascota que anduviera cerca.

Bueno, en realidad no funciona así. Una vez llega al color rojo se mantiene en él y el que se está duchando sabe que está desperdiciando agua, se siente mal, piensa en la gente que se muere de sed a lo largo y ancho del mundo, asume parte de esa culpabilidad, la une a sus muchas frustraciones y se suicida cortándose las venas con el gorro de baño.

Vale, espera, tampoco tiene por qué funcionar así. La ducha llega al color rojo, sabes que han pasado 7 minutos y no pasa nada, pero a partir de ahí tú verás lo que quieres hacer. Eso es.

Visto en Gizmag

Pantalón con bolsillos sumergibles. Al agua sin miramientos

Algo muy común en las películas en las que se ahoga gente (que deberían ser un género en sí mismas) es que el héroe se zambulle en el agua para salvar a la víctima, ya sea porque ésta ha perdido la consciencia o porque le ha mordido algo o alguien o porque está desnuda pidiendo una revisión médica.

Y es curioso, porque lo primero que le viene a la cabeza al público no es un "¡oh, por Crom, ¿conseguirá salvarla?" ni un "yo no me tiraba; se merece morir ahogado por insistir". No: lo que uno piensa es "hala, a tomar por culo el móvil". Porque en escenas anteriores el héroe ha llamado a alguien y ha mostrado que lo llevaba en el bolsillo del pantalón o de la chaqueta. Pues no: es cine y en cuanto se pase el momento de rescate el tipo va a reclamar una ambulancia, pasarán unas cuantas cosas y pasado el tiempo volverá a hacer uso del teléfono como si nada hubiera pasado.

Pero la vida no es cine y los ewoks no son osos pequeños, así que los héroes cotidianos (dícese de borrachos que se lanzan a la piscina a refrescarse) se quedan sin móvil. Por eso un pantalón con bolsillos sumergibles es esencial para la supervivencia del menos apto.

Por incomprensible que parezca el proyecto no ha llegado al mínimo exigido en Kickstarter y en principio no verá la luz. Pero es cuestión de tiempo: la gente se dará cuenta de que son imprescindibles. Tiene que hacerlo.

Visto en This is why I'm broke

Esta máquina transforma el sudor en agua potable

La Máquina de Sudor de Andreas Hammar es un encargo de UNICEF para concienciar a la gente del uso inteligente del agua. No es una medida seria, claro. El pasado jueves fue instalada en Gothia (Suecia) y el equipo de fútbol de dicho lugar se ofreció a probarla para dar mayor énfasis al acontecimiento.

El evento tuvo una repercusión mayor de la esperada y el sudor se agotó, así que los organizadores instalaron unas bicicletas estáticas para proveer de materia prima a los sedientos. Por lo que parece una camiseta empapada de sudor equivale a un vaso de agua. En un futuro aquellos que afirman que se ganan su sustento con el sudor de su frente podrían estar en lo cierto, aunque el sentido de la frase sería algo más literal.

Visto en Gizmag

Rinser: por un enjuague sin lesiones

El enjuague bucal tiene dos claros defensores: los que usan un vaso de agua y los que se rompen el cuello bebiendo del grifo. Hay múltiples variantes (enjuague con ron, con escupitajos de otros, no-enjuague,...), pero no las trataremos aquí por su carácter minoritario.

El enjuague con vaso parece, a priori, el más cómodo y el que menos riesgos conlleva, pero hay que fregar. Y eso duele. El enjuague "a lo salvaje" pone a prueba la flexibilidad del cuello y la espalda y hay probabilidades, con el tiempo, de que nos genere lesiones irreversibles en la columna vertebral y las rodillas. Esta última frase es mentira.

Por suerte, ahora tenemos algo intermedio: el Rinser. Sí, un vulgar cepillo de dientes con un orificio que permite la canalización del agua y crea una fuente parecida a las que pueblan los parques, con la salvedad de que funciona.

Esto puede suponer el final de la guerra de enjuagados en la que estamos inmersos desde hace un tiempo, o por lo menos una tregua. Enfundad vuestros cepillos, soldados.

Visto en Gizmodo

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Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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