
Lo que estáis viendo en la foto son un montón de licuadoras, pero no son licuadoras cualquieras, porque Marco Evaristti las ha convertido en peceras. Ignoro si se le ocurrió en un momento desesperado en el que se le rompió su propia pecera y no sabía donde meter los peces, pero el caso es que los artilugios están siendo expuestos en múltiples museos, con la intención, se supone, de que la gente se pregunte si se atrevería a encenderla.
Las peceras-licuadoras no están a la venta, son sólo otra "obra de arte" con la que este "artísta" chileno-danés pretende transmitir la idea de la transformación de la existencia a la no existencia. O dicho de una forma más clara, para que veamos lo poco que cuesta hacer desaparecer al pececillo. Qué culpa tendrá el animal, me pregunto.
Si alguien quiere probar como queda su mascota acuática en una de esas, que lo intente. Ahora, cuidado con darle al botón.
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