Sujetadores gemelos que cambian de color y patrón cuando entran en contacto

No he visto Frozen, la última (o penúltima, no lo sé) película de Disney. Parece ser que va de dos hermanas que se quieren mucho y se salvan la una a la otra. Esa misma información deben de tener los japoneses de Triumph, que han diseñado un pack de sujetadores gemelos basados en la película con unas características poco comunes.

El sujetador cambia de color y de patrón cuando entran en contacto con su sujetador gemelo. Para añadir algo más de color, cada uno de ellos lleva un corazón en el que se lee hermana mayor o hermana pequeña. O sea que, en teoría, deberían ser portador por hermanas. Supongo que a estas alturas del texto vuestras fantasías se deben haber disparado, así que mejor que veáis el vídeo.

¿Me gusta? Sí. ¿Es práctico? No. Las situaciones en las que puedo imaginar a dos hermanas en sujetador se limitan a mis tías yendo de compras o a una orgía (sin ellas, a poder ser). Y en una orgía, por mucho que me duela decirlo, la lencería no juega un papel esencial. El interés se centra en otras cosas. En la cantidad, por ejemplo. Y en la urgencia destilada de la imposibilidad de poder tocar todo en un lapso miserable de tiempo. Realmente es una experiencia muy estresante. Y cara, que la merienda de después no se paga sola y supone una verdadera inversión en sobaos.

Visto en Metro

Arrópate en tu pizza y que tengas dulces sueños

El queso fundido da sueño. Es algo que he comprobado en múltiples ocasiones y no encuentro una explicación. Puede ser el flujo de movimiento del queso al separarse de sí mismo, el olor o las ensoñaciones en las que caigo y que hoy veo hechas realidad: este juego de cama camuflado de pizza (pues es eso) te deja creer que estás rodeado de queso fundido, apoyando tu cabeza sobre rodajas enormes de pepperoni.

Es una sensación maravillosa y al mismo tiempo repugnante. Es como ser tú mismo todo el tiempo; te caes bien pero sólo un rato. Eso es precisamente lo que ocurre con la pizza en rasgos generales: no puedes comer un trozo sin sentir odio hacia ti mismo y repetirte por enésima vez que no has comido las cinco piezas de fruta diarias recomendadas por tipos expertos en recomendar cinco piezas de fruta diarias.

Y luego, haciendo uso de la memoria de pez que sólo recuerdas poseer cuando te interesa, das otro mordisco y el proceso se repite hasta que acabas tan lleno de comida como de odio, así que, por algo menos de un segundo, barajas la idea de salir a correr, presuponiendo que el odio a correr anule el odio hacia ti mismo y te deje vivir en paz. Para cuando te has convencido de que no serviría de nada ya tienes una mano buceando en la bragueta. Te dejas llevar. Quizás después caiga una manzana, quién sabe.

Visto en BuzzFeed

SnookBall, billar con los pies

Las reglas del billar y los golpeos del fútbol. Con piernas en lugar de tacos, pelotas de fútbol en lugar de bolas, y un rectángulo de juego algo mayor que una mesa de billar. Las reglas, las mismas que las del snooker o el billar americano.

Una original idea que están intentando popularizar Aurélien y Samuel, un par de emprendedores franceses.

Visto en Neatorama

El batería más pequeño del mundo

Un mini-crack.

Pero no me explico como hace para que esos platillos de plástico suenen tan bien.

Visto en IncredibleThings

iFetch, lanzador de pelotas automático para perros (Actualizado: ya a la venta)

iFetch, lanzapelotas para perrosUn regalo dice mucho acerca de la opinión que tenemos de la persona a la que va dirigido. Está claro que regalar las obras completas de Schopenhauer a tu mastín suizo le resultará halagador y probablemente te guiñe un ojo para hacerte saber que entiende tu aprecio hacia su inteligencia y lo comparte. Pero, más allá de las emociones vigentes entre dueño y señor, loables cuanto menos, es una mierda de regalo.

El iFetch, sin embargo, es infalible: no hay perro que se pueda resistir a sus encantos. Es un lanzador de pelotas muy sencillo, con un orificio en el que se introduce la pelota (el perro aprenderá el proceso rápidamente) y otro orificio que la dispara.

iFetch, lanzapelotas para perros

Con algo tan sencillo conseguiremos que el perro juegue hasta el agotamiento. He escrito "juegue" en cursiva porque yo creo que los perros no juegan, no conocen ese concepto. Los perros flipan. Y cuando hay pelotas de por medio flipan a lo loco. Sólo hay que ver el vídeo de demostración: si les pones un chándal de táctel sacarás una enorme cantidad de parecidos razonables.

Ya se puede comprar en España, con envío gratis, en QueLoVendan.com

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan



Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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