Malditos bastardos: un tipo monta el Halcón Milenario de Lego en un día; sus amigos se lo desmontan por la noche

Esta es una de esas bromas que pueden salir muy bien o muy mal: un optimista Michael adquiere el Halcón Milenario de Lego (1.200 piezas) y consigue montarlo dedicándole todo un día en la oficina. Mientras lo hace lo disfruta muchísimo y, en su bendita inocencia, llega a decir "no puedo esperar a venir mañana y verlo montado sobre la mesa".

A sus compañeros de trabajo, gente sin escrúpulos, les falta tiempo para desmontar toda la nave pieza a pieza, guardándola en la caja tal y como venía, dedicandole prácticamente toda la noche. Y, como decía al principio, la reacción de Michael puede ser muy buena o muy mala.

Visto en Geeks are Sexy

10 días compartiendo piso en una rueda de hámster

Ward Shelley y Alex Schweder estuvieron viviendo en una especie de rueda de hámster gigante durante la primera semana de marzo. La instalación, llamada In Orbit, propone un espacio más o menos habitable de 19 metros cuadrados. Por la propia estructura de la rueda, los dos habitantes deben ser más o menos solidarios y tener un ritmo vital similar: cuando uno desea dormir y empieza a girar la rueda hacia su cama, el otro debe apoyar la decisión y girar para, a su vez, dar con su propia cama y dejarse llevar por el sueño.

Algo parecido sucede con las necesidades fisiológicas (hay un retrete químico) y el lugar cuenta con nevera, microondas y cocina, así como un pequeño armario para cambiarse de ropa. Por el momento no hay ducha, pero todo se andará.

In Orbit ha tenido una repercusión notable, lo que no sé si es bueno o malo; como algún arquitecto haya tomado nota y lo proponga a algún ayuntamiento bajo de fondos en menos de veinte años habremos adoptado el término "compañero de piso giratorio". Y si no, al tiempo.

Visto en Design Boom

Descubierta la verdadera identidad del Batman de LEGO

Quién lo iba a decir...
Sorprendente ¿no?

Lo desvelan en PicturesInBoxes.com

Creando trajes suntuosos con elementos caseros

Aviso a navegantes: voy a contar un episodio de mi vida.

Tendría unos ocho años cuando en el colegio se convocó una fiesta de disfraces, probablemente con motivo de alguna celebración local que no recuerdo. Mi familia era (y es) poco pudiente, lo que no debería suponer un problema en estos casos. El asunto es que también eran creativamente pobres, así que no podían suplir la carencia de medios de ninguna forma. Resultado: a la hora de elegir disfraz mis opciones eran una enorme bolsa de basura negra y unas cuantas, más pequeñas, blancas. Así que salí de casa cubierto de una bolsa de basura usando las bolsas pequeñas a modo de complementos: cinturón, bufanda, pañuelo pirata y, además, me maquillaron la cara de un blanco brillante no sé exactamente con qué propósito. Hay que añadir que en esa época yo era una bola rodante, así que imaginaos el cuadro.

Ni que decir tiene que volví a casa con el disfraz hecho añicos.

No puedo saber por qué acepté salir con esas pintas ni por qué me dejaron hacerlo, máxime cuando mi abuelo era un baluarte local del disfraz que se pasó toda la posguerra contando chistes en bares, haciendo uso de cuantos disfraces se le ocurrieran con la intención de no repetir jamás. Un showman nato. De hecho, las únicas fotos que se conservan de él lo muestran con disfraces; mis recuerdos se debaten entre esas fotografías y las imágenes mentales que tengo de él ya postrado en cama. Normalmente ganan los primeros, claro, porque me parecen más representativos. Y porque molan más, qué demonios.

¿A qué viene todo esto? Básicamente a que tengo el día cruzado. Pero a eso hay que sumar el trabajo de una madre y su hija en FashionbyMayhem, que se dedican a fabricar ropa con elementos caseros y lo hacen con una habilidad extrema. Aquí sólo podréis ver unos cuantos ejemplos, pero en su página encontraréis multitud de ellos y (más importante) los procesos necesarios para fabricarlos. Supongo que aconsejarán no usar bolsas de basura porque no permiten transpirar; si no lo dicen ellas os lo digo yo.

Visto en Laughing Squid

Esos culos-lámpara que se encienden a pellizcos. Regocijaos, hermanas

Si nos permitimos un corto viaje en el tiempo hasta los primeros homínidos estoy seguro de que descubriremos que pellizcar el culo es uno de los pilares afectuosos sobre los que se asentaron las primeras comunidades. De la misma forma, el guantazo que sucede al pellizco sería uno de los primeros gestos violentos de los homínidos y demostrarlo nos daría una idea de cómo surgió la necesidad de legislar y poner límites.

Esto no forma parte de un estudio antropológico oficial porque no lo tengo terminado (hay ciertamente muchas zonas oscuras en esta rama del conocimiento), pero en cuanto consiga las ilustraciones podré terminar de darle forma y publicarlo. Os avisaré.

En lo que a culos se refiere, todo parece indicar que la diferencia entre un pellizco, una palmada y un azote sólo es de grado; el afecto es el mismo. Las lámparas Slap It de Joseh Begley representan ese mismo concepto: un pellizco las enciende y una palmada las apaga. Pero también puede ser al revés. Porque, repito, la intención es la misma: sólo hay una diferencia en la intensidad.

)

Visto en The Huffington Post

 

 

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