El nuevo manos libres libera a dos de cada tres manos

La idea de "manos libres" de Phil Jones es cuanto menos curiosa: a la hora de liberar a las manos del sometimiento telefónico ha ideado una tercera mano sin alma a la que poder encargarle los trabajos sucios.

Hay métodos más cómodos, desde luego, pero ninguno tiene su encanto. La utilidad real de Hand Free, nombre oficial del artilugio, es obvia: ver la cara de la gente mientras esperas en el semáforo.

Te van a mirar igualmente porque un tipo hablando solo en el coche sigue siendo raro a no ser que una cabeza aparezca y desaparezca de su entrepierna, en cuyo caso es simplemente obsceno, da envidia y hace reflexionar acerca de lo injusto del mundo. Así que, puestos a digerir miradas, mejor que sean de sorpresa y jovialidad. A no ser que a uno de los mirones le falte un brazo; entonces volveríamos otra vez al tema de la envidia y la injusticia que puebla el planeta. Conclusión: nunca puedes hacer feliz a todo el mundo.

Visto en Design Taxi

Lásers en las acampadas, siempre una opción

Supongo que no soy el único que ha intentado invocar una criatura de otro mundo sólo para ver qué pasa. Tenía quince o dieciséis años; me había reunido con unos amigos y, claro, teníamos que intentar la invocación en el campo por si el bicho salía furioso (ninguno podía arriesgarse a que le destrozara los pósters de Marlene Mourreau). Uno de nosotros había conseguido unas páginas supuestamente extraídas del Necronomicón con los pasos necesarios para hacer venir a la criatura. Ni siquiera lo hacíamos por curiosidad ni para hacerle preguntas; era una tarde tonta que había que hacer algo. Supongo que haber visto El Ejército de las Tinieblas nos influyó mucho en la decisión.

El caso es que estábamos en el campo, anochecía y el tipo que hacía de sacerdote, que no llevaba manto sino bermudas porque era verano y uno puede ser el enlace de un dios devorador de mundos pero no idiota, el tipo, como decía, pronunció las palabras. Creo que alguno de nosotros ya había empezado a fumar y se encendió un cigarrillo, y recuerdo que echando un vistazo a todos supe qué rol tenía cada uno (el valiente, la princesa, el arrogante, el guaperas y el gordo cobarde, que era yo) y por tanto en qué orden íbamos a morir. Alguien emitió una risa nerviosa, probablemente yo, que se contagió y se mezcló con un sudor frío, completamente diferente al sudor de la masturbación, que era el más conocido por el grupo. Fue un momento horrible. Por supuesto la invocación no funcionó ni sucedió nada raro. Pero los momentos de tensión duraron hasta después de haber abandonado el lugar. Prueba de ello es que ninguno intentó nada con la princesa durante las siguientes tres horas.

¿Por qué digo todo esto? Bien: Tim Roman se lo ha montado bastante mejor que nosotros. Uniendo un Spider 3 Arctic blue laser y un Krypton green laser ha conseguido el aspecto que tendría una invocación en una acampada. Muy espectacular y sencillo (aunque caro), y estoy seguro de que la criatura a invocar valoraría positivamente el esfuerzo y el ambiente generado. Así que, una vez más, lo nuestro no funcionó por ser unos cutres y por falta de presupuesto. Ah, la historia de mi vida.

Visto en Obvious Winner

Pantalón con bolsillos sumergibles. Al agua sin miramientos

Algo muy común en las películas en las que se ahoga gente (que deberían ser un género en sí mismas) es que el héroe se zambulle en el agua para salvar a la víctima, ya sea porque ésta ha perdido la consciencia o porque le ha mordido algo o alguien o porque está desnuda pidiendo una revisión médica.

Y es curioso, porque lo primero que le viene a la cabeza al público no es un "¡oh, por Crom, ¿conseguirá salvarla?" ni un "yo no me tiraba; se merece morir ahogado por insistir". No: lo que uno piensa es "hala, a tomar por culo el móvil". Porque en escenas anteriores el héroe ha llamado a alguien y ha mostrado que lo llevaba en el bolsillo del pantalón o de la chaqueta. Pues no: es cine y en cuanto se pase el momento de rescate el tipo va a reclamar una ambulancia, pasarán unas cuantas cosas y pasado el tiempo volverá a hacer uso del teléfono como si nada hubiera pasado.

Pero la vida no es cine y los ewoks no son osos pequeños, así que los héroes cotidianos (dícese de borrachos que se lanzan a la piscina a refrescarse) se quedan sin móvil. Por eso un pantalón con bolsillos sumergibles es esencial para la supervivencia del menos apto.

Por incomprensible que parezca el proyecto no ha llegado al mínimo exigido en Kickstarter y en principio no verá la luz. Pero es cuestión de tiempo: la gente se dará cuenta de que son imprescindibles. Tiene que hacerlo.

Visto en This is why I'm broke

Zapatillas Zombie

Hay casos documentados de personas que, cuando suena el despertador, saltan de la cama con agilidad y empiezan el día con optimismo y energía. El resto de la humanidad seguimos una pauta diferente: Nos levantamos con dificultad, emitiendo gruñidos casi ininteligibles "caféeeee, caféeee...", comenzamos a andar lentamente, arrastrando los pies y con la mirada perdida.

Para ser una copia exacta de un zombie sólo nos falta tener alguna víscera a la vista, cambiar lo de "café" por "cerebro", y ponernos unas zapatillas adecuadas: unas zapatillas cabeza de zombie como éstas.

Son bonitas, confortables y no tienen dientes en la boca para que podamos meter el pie con facilidad. Ideales para esperar el próximo apocalipsis zombie tranquilamente, tumbados en el sofá y con una copita en la mano.

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Bicicleta con despliegue de plástico de burbujas

Esto es algo difícil de describir, así que lo mejor es que veáis primero el vídeo y luego entremos en materia:

Bien: ese hombre de ahí se llama Eric Buss y lo que ha hecho es construir una máquina de crear éxtasis mientras se recorren distancias. La bicicleta desenrolla el plástico de burbujas a medida que se pedalea y va formando una alfombra que es a su vez aplastada provocando ese placentero sonido de burbujas reventadas que te hace sonreír como un maníaco.*

Muchos diréis que no es lo mismo; que la gracia del plástico de burbujas es reventarlas con las manos. No importa: saber que cientos de burbujas están siendo vapuleadas al unísono supone más placer del que la mente puede soportar. Llegará el momento en el que la gente nos vea llegar con espuma en la boca pedaleando como si no hubiera un mañana, precedidos de ese sonido de burbujas sometidos y precedidos también de personas atraídas por dicho sonido, que correrán a nuestro encuentro en un final orgiástico. Y si lo hacemos un miércoles, mejor que mejor. Son días muy tontos, la verdad.

* La sonrisa de maníaco también se puede conseguir con el sillín vibrador, aunque tiene otras connotaciones y no se puede compartir.

Visto en Geekosystem

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Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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