
Por supuesto, lo que estáis viendo es sólo un prototipo: no conozco a nadie que quiera comprarse un mando a distancia de cerámica (y más teniendo en cuenta las veces que acaba volando o en el suelo).
Sin embargo, moral no le falta al diseñador japonés Yuta Watanabe, que ha gastado tiempo y neuronas en crear un mando a distancia de cerámica. Como si Lladró hubiera decidido pasarse a la creación de electrodomésticos, vamos (bueno... reconozco que exagero un poco: los de Lladró le hubieran puesto encima la figura de un niño con un peto y florecillas en el sombrero).
Lo curioso es que Watanabe insistió en el factor "fragilidad" del cacharro. Se supone que si sabemos que es algo frágil, tendremos más cuidado en usarlo y, por tanto, digo yo, pondremos más atención en lo que vemos (supongo que debe haber por ahí alguna crítica velada a la televisión, pero se me escapa, sinceramente).
Eso sí, hay que reconocer que bonito es. Ahora sólo falta dejarlo encima de la mesa para que el perro compruebe si es comestible.