El cojín sushi lleva consigo la alegría. Y el arroz, claro

El cojín sushi presume de un funcionamiento sencillo y sin aspavientos: uno simplemente lo coloca en un sofá y de repente la casa se ve inundada por el optimismo y la alegría. Ese efecto aumenta cuando se apoya la cabeza en él, ya que produce sueños coloridos protagonizados por las chicas de Sailor Moon con las partes picantes pixeladas. O por lo menos eso es lo que yo sueño cuando me tumbo sobre un montón de arroz.

Y el cojín siempre sonríe. No importa lo que le hagas, el tipo mantiene la compostura, soporta las embestidas del destino (o sea, del perro) con la mayor de las sonrisas porque es un cojín profesional, preparado para superar cualquier eventualidad que pudiera surgir. Uno puede tener una casa completamente negra y al colocar el cojín sushi su actitud cambiará y pasará a ser una casa divertida y alegre. Un poco roñosa, sí, pero nadie se fijará hasta que se queden pegados en el sofá, y para aquel entonces ya se habrán divertido lo suficiente y habrás cumplido como anfitrión.

Véase: más cojines originales.
Visto en Oh Gizmo!

Sujetadores gemelos que cambian de color y patrón cuando entran en contacto

No he visto Frozen, la última (o penúltima, no lo sé) película de Disney. Parece ser que va de dos hermanas que se quieren mucho y se salvan la una a la otra. Esa misma información deben de tener los japoneses de Triumph, que han diseñado un pack de sujetadores gemelos basados en la película con unas características poco comunes.

El sujetador cambia de color y de patrón cuando entran en contacto con su sujetador gemelo. Para añadir algo más de color, cada uno de ellos lleva un corazón en el que se lee hermana mayor o hermana pequeña. O sea que, en teoría, deberían ser portador por hermanas. Supongo que a estas alturas del texto vuestras fantasías se deben haber disparado, así que mejor que veáis el vídeo.

¿Me gusta? Sí. ¿Es práctico? No. Las situaciones en las que puedo imaginar a dos hermanas en sujetador se limitan a mis tías yendo de compras o a una orgía (sin ellas, a poder ser). Y en una orgía, por mucho que me duela decirlo, la lencería no juega un papel esencial. El interés se centra en otras cosas. En la cantidad, por ejemplo. Y en la urgencia destilada de la imposibilidad de poder tocar todo en un lapso miserable de tiempo. Realmente es una experiencia muy estresante. Y cara, que la merienda de después no se paga sola y supone una verdadera inversión en sobaos.

Visto en Metro

Perturbador: la muñeca que escupe bebida por un pecho cuando le aprietas el otro

Un tipo de cuarenta años que se ponga a gritar y a llorar en medio de la calle no conseguirá más que ser arrestado. Su error: no tener treinta y nueve años menos. Si ese fuera el caso, las madres harían cola con los pechos al aire y se pelearían por darle de mamar.

Y es injusto porque siempre se nos dice que no hay edad límite para nada: ni para el amor ni para los juegos ni para aprender a tocar el triángulo. Pero es mentira: para mamar y defecar sobre tu ropa sí hay edad límite (en el caso de la segunda también cuenta la ancianidad, claro.) Y es injusto, repito, porque esas dos cosas son precisamente los dos eventos más placenteros a los que uno puede aspirar. Así que estamos condenados a la infelicidad desde el principio.

Menos mal que en Japón son dados a buscar placeres donde aparentemente no los hay. Hoy toca una muñeca (un busto, más bien) que despide líquido por uno de sus pezones si uno aprieta y masajea el otro. Como podéis ver en el vídeo, es el último grito en las fiestas familiares a pesar de costar cerca de 5.000 euros, un precio acorde al sueño que representa. ¿La queremos para QuelovendanX? Sí ¿La tendremos? Yo sí. Y no soy precisamente de fiestas familiares.

Visto en Sploid

El decepcionante robot camarero

Este es mi segundo día sin café. Ayer estuve agonizando, viendo bebés en el techo y esas cosas que pasan cuando uno se intenta desenganchar. Así que hoy tenía que hablar de café, era inevitable, aunque sólo fuera mi excusa para decir que lo estoy dejando.

Cuando he visto que un robot japonés hacía café se ha iluminado mi día. Es cosa de una compañía japonesa llamada Nextage y, la verdad, deja bastante que desear. Sé que es difícil hacer robots. O, bueno, en realidad no lo sé, sólo lo deduzco porque a mí me resulta difícil pegar un póster en alineación con la pared; lo de los robots debería ser más complicado o vivo totalmente engañado.

El caso es que el robot que hace café es un tanto desesperante. Milagroso, sí, como todos los robots, pero falto de ritmo. Además, no sé si dejaría que una camarera que no mascara chicle con la boca abierta me sirviera; me sentiría raro. Y probablemente tuviera que volver al café para compensar esa sensación (sí, estoy buscando excusas para volver).

Visto en Kotaku

Libro de recetas hechas con condones. Japón, tenías que ser tú

Condom Meals I Want to Make for You es el título de un e-book que contiene 11 recetas cuya preparación requiere el uso de preservativos.

En principio no dicen nada de que los preservativos sean comestibles, pero allá cada uno con su dieta. Tampoco aclaran si hay un uso del preservativo como tal, una vez la comida está dentro y preparada para ser ingerida. Quiero pensar que no porque un dildo de arroz tres delicias me parece un concepto demasiado perturbador, aunque aunar placeres es uno de los mayores logros del ser humano, sólo superado por las tizas de colores.

Visto en Kotaku

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan



Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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