El auténtico “fondo de escritorio”

Hace mucho, mucho tiempo, en los ochenta, se pusieron a la venta una cintas de casete grabadas con sonidos ambientales de diferentes lugares, aeropuertos, ruidosas oficinas con máquinas de escribir e impresoras matriciales, con el objeto de engañar a la persona que se encontraba al otro lado de la línea telefónica, "Cariño, te llamo desde el aeropuerto, he perdido el vuelo, volveré mañana".

Hoy en día es imposible, a causa de las malditas cámaras, tanto de teléfono como de portátiles, ya que no puedes crear un fondo ficticio. Hasta ahora, porque han creado los StarScreen Social Backdrops, unos fondos de escritorio diferentes, que nos permiten tender una imagen detrás nuestro, como si de un corresponsal de televisión en Yosemite o en Venecia se tratase. O que se vea una desierta oficina mientras ponemos cara triste y mentimos como bellacos.

También son muy útiles porque puedes tener el despacho hecho una leonera y, con el fondo, aunque quede claro que no estás en Bora-Bora, por los menos no se ven todos los trastos.

Ahora me asalta una duda, como es que algunos lugares tienen nombre duplicados como Bora-Bora o Baden-Baden, supongo que el el cartógrafo del rey o conquistador pertinente debía ser sordo o un poco corto, porque si no no entiendo la repetición.
-¿Como se llama este sitio?
-Bora
-¿Cómo dices?
-Bora
-¿Perdón?
-Bora, Bora
- Ah, Bora-Bora

Visto en Book of Joe

Tetera temporizada estilo reloj de arena

Dicen que un paladar bien entrenado puede detectar matices muy delicados, diferencias ínfimas. Que si nos dan a probar dos productos buenos enseguida detectaremos el mejor y que, si nos dan otro mejor, lo notaremos enseguida y así sucesivamente hasta alcanzar los mejores productos.

Yo debo tener un paladar de cartón porque, por ejemplo, cuando un vino pasa de 20 euros la botella todos los encuentro estupendos. Por eso no acostumbro a pedir vinos más caros, me parecería una estupidez y un esnobismo. Soy incapaz de encontrar el calor de una tarde de verano o el reflejo del sol en los viñedos, lo máximo que he encontrado es un poco de corcho flotando; por cierto, o la gente tiene un paladar muy educado o el mundo está lleno de esnobs.

Esta original diseño de tetera fusiona el estilo de un reloj de arena con la funcionalidad de un reloj de cocina, permitiendo adecuar el tiempo de inmersión de las hojas en el agua. Según el tipo de té y el gusto del consumidor, si las hojas están demasiado tiempo pueden modificar el sabor, llegando a amargar el resultado final. ¡Oh, gran tragedia!, se ha estropeado un poco de té. Además se puede aprovechar el recipiente inferior como taza, un cacharro menos que lavar.

Visto en Monkey Zen
 

Mesa picNYC, el campo en el salón

En el siglo XIX, todo picnic decente acababa con el fantasma de un antepasado aniquilando burguesas con la excusa de alguna profecía ancestral; esto cambió entre 1920 y 1945, donde se impusieron los picnics en trincheras con un menú basado en carne bien ahumada. Treinta años después, los picnics demostraban que el consumo de alucinógenos es la mejor técnica para aumentar la natalidad. Los ochenta dieron lugar a Mecano, así que mejor no hablar de ellos. En los últimos veinte años, los picnics han servido para que la gente compare hipotecas a campo abierto y, bueno, para que los pirómanos puedan planificar con calma la eliminación de esos árboles tan molestos.

La mesa PicNYC de Haiko Cornelissen rompe con toda la tradición anterior, ya que lleva el campo al salón. Con sólo unas cuantas cámaras de vigilancia bien distribuidas, podremos descubrir quién se esconde tras el oso Yogui (un cuñado, posiblemente). Está construida en aluminio, el césped es real y no incluye ningún bicho, aunque los gorrones acudirán a ti en el mismo momento en que la encargues.

Visto en Likecool

Taburete para castigar 5 minutos

Es bastante común castigar a los niños intentando que estén quietecitos unos minutos en un rincón, "pensando" en por qué no está bien hacer la trastada que han hecho. Aunque la realidad es que lo único que piensan es cómo salir lo antes posible de esa incómoda situación.

Seguro que a los treinta segundos, si el crío tiene sangre en las venas, ya empezará a alejarse sigilosamente del maldito rincón, o a dar pataditas en la pared, haciendo manchitas divertidas para él, pero no tanto para sus padres.

El Time Out Timer Stool es un taburete pensado para ser dar más sentido al "rincón de pensar". En realidad se trata de un gran reloj de arena que tiene una duración de unos 5 minutos por ciclo.

Es bonito, gracioso y simpático. Y con suerte servirá para que el niño se esté ahí quieto el primer día que se le castigue, porque seguro que al segundo ya empieza a investigar cómo hacer para desparramar toda esa arena tan chula por el suelo.

Visto en LikeCool

Calendario de Adviento Cervecero

Alguien ha inventado la posibilidad de decorar los cajones de botellines a modo de Calendario de Adviento que, como todo el mundo sabe, tiene 24 días como los cajones de botellines (6x4=24 cervezas).

Adviento son las cuatro semanas anteriores a Navidad y es tradición regalar a los niños un calendario decorado de los 24 días anterioriores a Navidad. En los calendarios de Adviento, los días aparecen desordenados y decorados con motivos navideños de manera que hay un espacio para guardar un dulce o chocolatina debajo de cada día. De este modo, el niño va siguiendo el avance de los días motivado por la posibilidad de comerse la chocolatina.

En este caso, sería el adulto el que estaría como loco por terminar el día para beberse la siguiente cerveza.

Visto en Cheezburger.

Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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