Desayuna en el tejado. Porque un buen café merece una buena caída

El desayuno es la comida más importante del día porque es la única que incluye el café y el cigarrillo. Los expertos nutricionistas están de acuerdo, pero no lo dicen con las mismas palabras (hay que leer entre líneas).

También se suele hacer en pijama para convencer a tu cerebro de que todavía estás durmiendo. Hay que recordar que el cerebro es siete veces más estúpido que el cuerpo en el que habita porque, al fin y al cabo, ha decidido habitarlo. Con este sencillo método puedes soñar que comes, que es uno de los sueños más humildes y maravillosos que uno puede tener aunque a veces despierte y se descubra chupándose el dedo, el casco de Darth Vader, unos dados de rol o un libro de Palahniuk (sí, he hecho una descripción de mi mesita de noche porque asumo que todo el mundo tiene la misma).

El caso es que la interiorista (exteriorista en este caso) Aine Bunikyte cree que desayunar puede ser una experiencia todavía mejor si se hace al aire libre, sobre un tejado y jugándote la vida. Y posiblemente lleve razón.

Su sistema para desayunar en los tejados es arriesgado y sólo recomendable para gente que desayune sentada (yo lo hago de pie y caminando porque... la verdad es que no sé por qué lo hago). Como siempre, podéis ver más sugerencias de diseños extraños en el post de Habitissimo para hacer de vuestra casa algo con lo que la gente diga "oh!" en lugar de "puaj!", que es lo más habitual. Por lo menos en mi caso.

Visto en Habitissimo gracias a Rouse

Álbum de fotos egoísta

Este es un álbum de Selfies, Autofotos o Cosas de borrachos pendencieros. Da igual el nombre que usemos; sabemos de lo que se trata: un libro entero dedicado a nuestra cara y exactamente desde el mismo ángulo.

Los cambios de una fotografía a otra son, sin embargo, notorios: morritos o no morritos, susto o no susto, media sonrisa o sonrisa mellada, ojos abiertos o posesión infernal, vómito propio o vómito de otro, lengua limpia fuera, brillo de calva o brillo de gomina, lengua de mascar tabaco fuera y consciente o inconsciente (estas son las mejores porque el tipo roza el coma etílico, pero así y todo la mano se mueve sola y se saca la foto; creo que es cosa de vudú).

Y que no os quepa la menor duda: el álbum de selfies sigue siendo mejor y más representativo que el del día de la boda.

Visto en The Green Head

Riega tu maceta zombi

Lanzar macetas a los transeúntes desde un segundo piso es una hermosa tradición que se está perdiendo. Lo mismo pasa con los pianos de cola y los tresillos; de alguna forma, algún poder en la sombra (que sin duda estará en contra del humor clásico) ha establecido que es un gesto maligno y ha instaurado ese pensamientos en nuestras mentes. Por eso las cáscaras de plátano ya no son resbaladizas.

Me gustaría pensar que estas macetas zombi van a reavivar el gusto por esa tradición. Tienen sus propias semillas y sólo con regarlas conseguiremos un zombi con pelo o una mano putrefacta surgiendo de la maleza. Hay que cuidarlas, claro, y si bien uno puede estar tentado de lanzarlas a los transeúntes (algo que me alegraría) sugiero tener una clásica de repuesto. Simplemente porque están diseñadas para eso; lanzar una cabeza contra otra es tener mala idea, pero una maceta estándar estrellada contra una cabeza ha encontrado su lugar en la vida, su meta. Y se la estamos negando.

Vease también Gnomos de Jardín Zombies

Visto en Geekologie

Contra la censura en internet, rascadores de Putin y Kim Jong-un

The Pussycat Riot es un grupo de gatos unidos contra la censura en la red. Son rebeldes, revolucionarios y están dispuestos a todo con tal de conseguir su objetivo. Ya han lanzado su primer ataque en forma de rascadores con las caras de Vladimir Putin y Kim Jong-un. ¿Evitarán esos rascadores que ambos dejen de amordazar la red? Por supuesto.

El precio de cada rascador supera los 6.000 euros. Si se piensa, uno realmente está comprando un rascador y financiando al grupo, que además promete usar ese dinero con fines solidarios. Así que no es tan caro. Si se piensa un poco más, cualquiera puede imprimir una foto de Putin (a riesgo de que la impresora explote o se presente la KGB en casa) y pegársela a un rascador. Pero entonces no estaría apoyando a un grupo felino revolucionario.

Ahora bien, ¿cómo acabarán con la censura esos rascadores? Por presión existencial. Si tres millones de gatos se afilan las uñas al unísono con un rascador que lleve tu cara algo te ocurre. Seguro. Porque todo está conectado. Llámalo vudú, llámalo karma, llámalo Wifi: no importa. El caso es que funciona. Y el que no tenga gato ni uñas ni 6.000 euros, que sepa que es un vil reaccionario. Ahí queda.

Visto en Geekologie

La casa de los Picapiedra: Yabba Dabba Doo!

Lo cierto es que desde la Prehistoria no hemos avanzado mucho. Lo del psicoanálisis estuvo bien, sí, y las limas para callos tienen su encanto, pero no ha habido una transformación social lo suficientemente potente que vaticine la venida de una civilización sin suegras ni palomas; y, desde luego, yo sigo esperando a que alguien invente una cerradura que siga a tu llave y no al revés. Hasta que eso no ocurra no podremos hablar de una progresión histórica.

Así, la casa de los Picapiedra ubicada en Malibú no me parece un anacronismo ni mucho menos. Es una casa de campo muy cuidada, aunque demasiado limpia para mi gusto, en la que uno se puede sentir cómodo y dedicarse a imaginar dinosaurios pululando por el salón (las abuelas no cuentan a no ser que tengan alas membranosas y garras retráctiles).

La casa se vende. Más o menos. Lo adecuado sería decir que intentan venderla por 2 millones de euros. Euros reales, claro. Las rupias que se consiguen en el Zelda no sirven. Pero si entre todos guardamos las monedas de 1 céntimo podremos hacernos con ella y habilitarla como una comuna. Yo debo de tener algo más de 1 euro; ahí lo dejo.

En el artículo original de Habitissimo podréis ver 15 ejemplos más de casas extrañas habitadas por personas todavía más extrañas que sonríen a cámara como si les estuvieran sorbiendo el alma con una pajita agujereada. A destacar el aseo que reproduce el Submarino Amarillo de los Beatles y el dormitorio de 20.000 Leguas de Viaje Submarino.

Visto en Habitissimo gracias a Rose

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan



Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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