El Cojín Único

Un cojín estándar ya provoca peleas, discusiones, divorcios y Luchas por la Supervivencia (se diferencian de las Peleas de Almohadas por los huesos rotos, la sangre y la necesidad de un árbitro con conocimientos de artes marciales). No quiero imaginar de lo que es capaz el Cojín Único de Robert y Elsa Evans.

Probablemente sea lo único que quede en la casa tras siete días de convivencia con él. Si es el objetivo del comprador, perfecto: una familia fuera y un nuevo piso para alquilar con una maldición en forma de cojín viviendo en él.

Como ocurre con todos los objetos mágicos, el Cojín Único tiene su enemigo acérrimo, su antónimo, su némesis: el Cojín Donut. Simplemente no puedes evitar que la gente acuda a tu casa para abalanzarse sobre él, sean amigos o no. De hecho, casi seguro que no lo son, así que lo mejor es comprar uno para invitados y otro para uso propio; la gente hace muchas cosas extrañas cuando un objeto tiene un agujero en el centro.

Visto en Neatorama

Iluminación para el retrete (en caso de que quieras añadir ambiente a lo que hagas allí)

Por lo general todos tendemos a cagar en azul. Algo tranquilo, relajado, limpio, espacioso,... un gesto que nos despeje de nuestra carga y nos permita correr por las praderas mientras las briznas de hierba acarician nuestros rostros. Pero no siempre hay tiempo para eso, así que quizás una cagada en rojo, colérica, urgente y dolorosa también nos consiga un pasaje hasta la pradera aunque no podamos disfrutar el paisaje y las briznas nos persigan azotándonos la cara.

Lo que propone la gente tras IllumiBowl es precisamente eso: iluminar el retrete con tres colores a elegir: azul, rojo y verde, y rodear de cromatismo todo lo que hagamos allí, desde la más inocente micción hasta el vómito de los sábados a las 04:37 (además, como se puede cambiar el color a gusto del usuario siempre podemos admirar el vómito en diferentes tonos mientras se pasa el mareo).

¿Una tontería? Sí. ¿Un lujo innecesario? También. ¿Imprescindible? Por supuesto. Faltaría más.

Visto en Engadget

La silla coja te obliga a centrarte en lo que haces (o sea, sentarte en una silla)

El objetivo de Inactivité, la silla de dos patas, es que nunca te sientas lo suficientemente cómodo para desconectar del mundo. Su estructura te obliga a hacer pequeños movimientos para equilibrar la silla, manteniéndote en un constante movimiento que, de alguna forma, impide que tu mente se distraiga.

Esa es, por lo menos, la teoría de Benoit Malta. A mí simplemente me parece loable que alguien diseñe una silla incómoda a conciencia y que intente justificarlo, así que no me pienso quejar. Supongo que si la teoría funciona todos los que hicimos equilibrios con la silla durante toda la etapa escolar somos unos genios o por lo menos estuvimos muy centrados en lo que hacíamos. Que era, bueno, nada. Pero hay formas de no hacer nada mejores que otras, eso está claro.

Visto en Lauguing Squid

Galletas en inmersión controlada gracias al Dunkin’ Buddy

Durante diferentes épocas de mi vida, y atendiendo a razones externas, he sometido a las galletas a un diferente trato siempre bajo el prisma de mi situación anímica. La depresión que cabalgué durante dos años hizo que las desmenuzara y las lanzara a la leche con el mayor de los desprecios formando una especie de pasta grumosa que luego engullía mientras lloraba y me odiaba a mí mismo.

Las pocas épocas en las que los planes parecían funcionar y todo estaba en orden mojaba la galleta de forma tradicional, intentando que parte de ella no se mojara para poder disfrutar de todos los sabores y texturas concebibles. El momento culminante es en el que te descubres reflexionando con una sola galleta mojada, rompiéndose, cayendo sobre la leche y salpicándote; en ese momento del ciclo es en el que todo se tuerce y vuelves a desmenuzar galletas.

Y esa es mi vida, más o menos. Pero como a nadie le importa vamos a lo que vamos: una nueva forma de enfrentarse a la obra cumbre de las comidas nocturnas ha sido concebida. Se trata del Dunkin' Buddy, que yo catalogaría como ascensor de galletas. Es una cajetilla imantada que te permite dejar las galletas bañadas en la leche mientras haces otras cosas (aunque, la verdad, para mí es una actividad completamente absorbente y disfrutable en sí misma). Por el momento no está a la venta, aunque su autor pretende estudiar rutas comerciales.

Visto en Incredible Things

Cojín salchicha gigante

En lo que se refiere a cojines gastronómicos, hay que reconocer que esta salchicha asada gigante no está mal; su color brillante y las marcas de la parrilla están realmente bien conseguidas.

Pero aunque, además, su forma parece bastante adecuada para reposar las cervicales, en ningún caso se acerca al nivel de excelencia de nuestro afamado cojín de jamón de Jabugo.

Eso no quita que, indiscutiblemente, estemos ante un buen candidato a engrosar nuestro catálogo de cojines originales. Esperemos diponer de él en breve.

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan



Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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