La silla coja te obliga a centrarte en lo que haces (o sea, sentarte en una silla)

El objetivo de Inactivité, la silla de dos patas, es que nunca te sientas lo suficientemente cómodo para desconectar del mundo. Su estructura te obliga a hacer pequeños movimientos para equilibrar la silla, manteniéndote en un constante movimiento que, de alguna forma, impide que tu mente se distraiga.

Esa es, por lo menos, la teoría de Benoit Malta. A mí simplemente me parece loable que alguien diseñe una silla incómoda a conciencia y que intente justificarlo, así que no me pienso quejar. Supongo que si la teoría funciona todos los que hicimos equilibrios con la silla durante toda la etapa escolar somos unos genios o por lo menos estuvimos muy centrados en lo que hacíamos. Que era, bueno, nada. Pero hay formas de no hacer nada mejores que otras, eso está claro.

Visto en Lauguing Squid

Galletas en inmersión controlada gracias al Dunkin’ Buddy

Durante diferentes épocas de mi vida, y atendiendo a razones externas, he sometido a las galletas a un diferente trato siempre bajo el prisma de mi situación anímica. La depresión que cabalgué durante dos años hizo que las desmenuzara y las lanzara a la leche con el mayor de los desprecios formando una especie de pasta grumosa que luego engullía mientras lloraba y me odiaba a mí mismo.

Las pocas épocas en las que los planes parecían funcionar y todo estaba en orden mojaba la galleta de forma tradicional, intentando que parte de ella no se mojara para poder disfrutar de todos los sabores y texturas concebibles. El momento culminante es en el que te descubres reflexionando con una sola galleta mojada, rompiéndose, cayendo sobre la leche y salpicándote; en ese momento del ciclo es en el que todo se tuerce y vuelves a desmenuzar galletas.

Y esa es mi vida, más o menos. Pero como a nadie le importa vamos a lo que vamos: una nueva forma de enfrentarse a la obra cumbre de las comidas nocturnas ha sido concebida. Se trata del Dunkin' Buddy, que yo catalogaría como ascensor de galletas. Es una cajetilla imantada que te permite dejar las galletas bañadas en la leche mientras haces otras cosas (aunque, la verdad, para mí es una actividad completamente absorbente y disfrutable en sí misma). Por el momento no está a la venta, aunque su autor pretende estudiar rutas comerciales.

Visto en Incredible Things

Cojín salchicha gigante

En lo que se refiere a cojines gastronómicos, hay que reconocer que esta salchicha asada gigante no está mal; su color brillante y las marcas de la parrilla están realmente bien conseguidas.

Pero aunque, además, su forma parece bastante adecuada para reposar las cervicales, en ningún caso se acerca al nivel de excelencia de nuestro afamado cojín de jamón de Jabugo.

Eso no quita que, indiscutiblemente, estemos ante un buen candidato a engrosar nuestro catálogo de cojines originales. Esperemos diponer de él en breve.

Puente casero para gatos que duermen al límite

CatastrophiCreations ha hecho una versión en miniatura del puente de cuerda de Indiana Jones y el Templo Maldito y la ha asociado a gatos. Resultado: un gran miau. Los mininos han encontrado otro lugar en el que repantigarse y demostrar su absoluta superioridad como raza.

Porque mientras un puente de cuerda y madera supone un desafío para el más valiente de los seres humanos, cualquier felino lo considerará una cama alta o una posición elevada desde la que atacar a su dueño cada vez que pase por abajo (es recomendable no colocar el puente sobre lugares de paso como la cocina o el aseo). Si lo que queremos es añadir algo de tensión y que el gato sufra igual que nosotros, podemos colocar un cubo de agua lleno de ovillos de lana justo debajo del puente; si cae no sabrá si huir del agua o quedarse desarrollando su obsesión lanuda; eso lo pondría en un aprieto.

Visto en Geekologie

Silla escorpión para los muy, muy malignos

Así que eres malvado. Te gusta golpear las yemas de los dedos entre sí mientras urdes planes de conquista global. Acaricias al gato mientras ríes al recordar dónde has colocado las trampas para que todo maldito héroe que te desafíe sucumba suplicando misericordia. Te asocias con unos octogenarios U2 y decides encasquetar su terrible último a disco a todos los que tengan iTunes. Eres malvado, sí, lo sabes, te gusta y sabes que te gusta.

Lo que no sabes es que tu silla es una mierda. Ningún archienemigo de la humanidad cometería el ultraje de concebir maldades desde una vulgar silla de oficina que, vale, es giratoria y eso da mucho gustico, pero es indigna y no está a tu nivel. ¿Eres maligno? Pues aquí tienes una silla con forma de escorpión. Tranquilo, no pica (sería una muerte muy estúpida). Es una creación del ruso Vyacheslav Pakhomov y la vende por algo más de 5.000 euros, una nimiedad para ti, que has conseguido que las multinacionales financien tu ejército de clones de Yoko Ono a 7 euros la pieza. No sé a qué estás esperando. Y si lo de revivir a Pink Floyd también ha sido cosa tuya, que sepas que te has pasado. Esos son intocables. Prepara las trampas y unas magdalenas, que esta tarde invado tu mansión.

Visto en Oh Gizmo!

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan



Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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