Esto sí es porcelana viva

Si uno se toma la molestia de contemplar toda la obra de la artista Ronit Baranga descubrirá que lo de añadir dedos y bocas a cualquier cosa es algo con lo que lleva obsesionada mucho tiempo. Quizás la parte de la obra más llamativa sea este conjunto de piezas de porcelana por ser lo más cotidiano y porque incluye miedos con los que todos nos sentimos identificados (decid lo que queráis pero nadie que vea una taza caminando permanecerá impasible, sobre todo si está intentando verter café en ella).

La obra, desde luego, es impactante y extrañamente perturbadora. Nunca un juego de tazas ha resultado más amenazador (excepto, quizá, en La Bella y La Bestia). Personalmente me ha llamado mucho la atención la fotografía de las dos tazas caminando sobre dedos (abajo), pero no porque sean más hermosas u originales que el resto, sino porque me han recordado vagamente a La Tentación de San Antonio de Dalí, aunque sería un Dalí después de haber pasado una tarde con mi tía y la Nespresso.

Sé que no se parecen, pero, hey, mi cerebro asocia imágenes y conceptos como le da la gana. De hecho, deberíais estar agradecidos de que no le haya sugerido algo pornográfico como es habitual.

Visto en The Laughing Squid

El sugerente barco de sushi

Últimamente no hago más que hablar de sushi. Todo lo que veo a mi alrededor es sushi, veo a la gente envuelta en algas y una cantidad ingente de personas reunidas ya no es una multitud sino arroz. El universo me está mandando señales y yo estoy utilizando mi agilidad felina para regatearlos, y cuando digo "agilidad felina" referida a mi persona hablo de la parte de la agilidad que usan los gatos para tirarse en su camastro, evidentemente; de la otra no recibí nada.

A lo que vamos: ¿qué es esa masa de colores que se distingue en la fotografía? Un barco de sushi. Uno lo monta en casa cuando toque sushi y los niños se emocionarán al ver llegar una especie de vagones con salmón, tortilla y cosas que normalmente les harían gritar y abandonar su asiento, colarse en un tren hacia la frontera, superar la aduana metidos en una maleta, salir de ella en un barrio mal avenido de París, enfrentarse al frío, pelear contra galgos escuálidos por la comida encontrada en la basura, empezar a fumar con la sola intención de meter algo caliente en el cuerpo, contagiarse de tuberculosis por confundir el París actual con el de las películas, amenazar al cielo por intentar acabar con ellos y prometer que sobrevivirán sea como sea, colarse en otra maleta, cruzar la frontera de nuevo, volver a casa, señalar al plato y decir "¡¿pero esto qué puta mierda es?!"

Sé lo que estáis pensando: ¿sería lícito modificar el barco y sus agregados para poder usarlo en un Scalextric? Por supuesto.

Visto en Like Cool

Palillos-katana con soporte

Sabemos que en el mismo momento en el que uno coloque el Sushi de chuches sobre la mesa todos los comensales se van a abalanzar sobre ellas con los ojos inyectados en sangre.

Hay que evitar eso a toda costa; hay que enseñarles modales. Para ello nada mejor que estos hermosos palillos-katana y unos cuantos consejos sobre el comportamiento sobre la mesa:

1. El que se coloca en el centro come más porque tiene acceso a la mayoría de platos; si acabas de satélite en un lateral, asume tu error y confórmate con las sobras.

2. Señalar a la gente con los palillos-katana es de mala educación. Sacarles un ojo con ellos también, a no ser que los comensales hayan decidido de forma unánime que ese será el postre; en ese caso eres un instrumento de la democracia.

3. A nadie le sale el Rock del Pan. Basta de intentarlo. Eso siempre acaba con heridos y un idiota con sombrero encogiéndose de hombros. En serio, basta.

4. Lo mismo se aplica a la escena de La Dama y el Vagabundo, que ya era repugnante cuando la protagonizaban perros. Ver a dos octogenarios dándose el lote sólo sirve para conseguirse unas boleadoras de dentaduras postizas.

5. Comer con la familia no es lo mismo que comer en un restaurante chino. Parece una obviedad, pero la gente se olvida y le cuesta decidir entre postre y café pensando que después viene el chupito de la botella con el lagarto fosilizado dentro.

No es así: en toda familia que se precie se puede repetir postre y café siempre y cuando hayas traído monedas de cobre para jugar al bingo. Si no traes nada, te toca poner los cubatas a los padres de familia, que son capaces de comerse una suela de zapato con chorreras pero cuidado con saltarte una de sus indicaciones alquímicas, no vaya a ser que acaben menos ebrios de lo que esperan.

Comprar en QueLoVendan

El Cucharón del Lago Ness

Hay gente que asegura haberlo visto. Juran y perjuran que, en alguna ocasión, mientras removían el caldo de verduras, han visto la perturbadora imagen del imponente Monstruo del Lago Ness asomando la cabeza entre patatas, acelgas y zanahorias. La ciencia, como es habitual, se ríe de esas tonterías. Y nosotros también.

Por eso vamos a intentar traer lo antes posible a nuestra tienda QueLoVendan a este simpático cucharón del Lago Ness, para que podáis sacudirle con él en la cabeza al próximo cocinero que os venga con esas tonterías.

Visto en IncredibleThings

Colgador futbolín personalizable

El colgador futbolín pertenece a esa gama de objetos diseñados para producir envidia malsana. El tipo que entre en un hogar y deje su chaqueta en un colgador futbolín no podrá evitar preguntarte de dónde lo has sacado y, claro, la respuesta es evidente: de QueLoVendan.

Pero si quieres puedes mentir, puedes decirle que lo has robado de un futbolín y contar un relato épico de la hazaña: cómo marcaste el gol de la victoria y te quedaste con el palo en la mano. Y cómo tuviste que eliminar a todos los testigos para llevártelo a casa.

Y puedes hacerlo porque es exactamente igual que los originales. Y además es totalmente personalizable: cada cual elige los colores que quiere porque se pinta a mano (algo teníamos que hacer con los monos voladores que se cogían la baja por depresión). Y ahí no se acaba, no, que también se puede elegir sexo y raza. Y antes de que lo preguntéis, no, no se puede elegir como raza "invasores de Marte", que os veo venir.

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Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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