El Reloj-Bailarina se esfuerza en decirnos la hora para que aprovechemos el tiempo (vano intento)

El paso del tiempo duele. Unas veces más, otras menos, pero en general siempre hay una sensación de seguro que podría haber hecho algo más productivo al final del día. Es la terrible consecuencia de vivir en una constante cuenta atrás.

Para que seamos conscientes de ese esfuerzo, un diseñador alemán llamado Meike Harde ha decidido optar por mostrarnos a una muchacha haciendo posturas imposibles para indicarnos la hora. Es una terapia psicológica que viene a decirnos "hey, me estoy rompiendo la espalda para recordarte que son las 17:32 y todavía estás leyendo cómics enfundado en tu pijama chino. Ya te vale."

El Reloj-Bailarina es un generador de estrés y de culpabilidad. Y, vale, de responsabilidad también, pero menos. A efectos prácticos es como tener una pantalla con tu yo maduro reclamándote una posición de relevancia en tu dominio mental. Normalmente se calma con un par de cervezas, sí, aunque no aconsejo verter líquidos sobre el reloj, no sea que la bailarina se enfade y yo, desde que vi Cisne Negro, temo más a una bailarina enfadada que a Godzilla ciego de anfetaminas.

Visto en Design TAXI

La mesa del dinero ardiente

Tranquilos: esos billetes de 50 euros son falsos. Los de verdad se los embolsarán Alejandro Monge y Amarist, los creadores de la mesa, cuando consigan venderla.

La obra se llama Too Much? y pretende crear una reflexión acerca del dinero, su uso cotidiano y su nulo valor para encontrar la felicidad o sitio para aparcar en el centro. ¿Podrían haber dicho lo mismo estampando una bolsa de gusanitos de a duro en un lienzo y una sonrisa dibujada con un Plastidecor? Pues sí. Pero sería un producto más difícil de vender y no conseguirían ese dinero que no sirve para nada.

Visto en Gizmodiva

Y ahora, un par de ordenadores steampunk

La maravilla que podéis ver sobre estas líneas es obra de Charles Babbage y Ada Lovelace, y su problema radica precisamente en eso: es demasiado hermoso como para ser manipulado. Está muy bien para tenerlo en un altar, rendirle culto y sacrificarle alguna virgen, pero sinceramente no me veo viendo porno en él. No estaría cómodo. Sería como quedar con Angelina Jolie para enseñarle tu colección de cromos de la liga del 81-82.

Por otra parte, tenemos el portátil de un tal Zackary, mucho más manipulable pero no menos impresionante. Además, le ha añadido detalles como engranajes en movimiento y todo tipo de accesorios que lo convierten en una pequeña joya que no para de hacer cosas sin un sentido claro (eso no significa que no se cuelgue, que también tiene pinta de ser un cacharro a pilas).

Me gusta mucho lo de la llave y, curiosamente, todos los ordenadores steampunk llevan una o varias. Está muy bien porque en el subconsciente colectivo todo lo que lleva llave es valioso; precisamente por eso los diarios de Winnie The Pooh traen una.

Visto en io9

La tarta diseccionada

Cuando uno piensa en practicar una autopsia a una tarta presupone que va a encontrar órganos y huesos en la stripper que aguardaba en su interior, no en la propia tarta. Porque la tarta no es un organismo vivo y, como sabe toda persona versada en temas biológicos, sólo un organismo vivo posee la capacidad de desnudarse y cobrar por ello (desde un punto de vista evolutivo, esa es la principal diferencia entre un ser humano y un armario empotrado).

Pero la tarta diseccionada de Annabel de Vetten sí posee órganos y huesos, aunque no es una stripper. O por lo menos no he dado con las tarifas.

Como podéis comprobar en las fotografías, la tarta posee todo lujo de detalles y multitud de órganos, cada uno más sabroso que el anterior. La propia Annabel tiene más fotografías en su página, así como otros proyectos igual de impresionantes. Merece la pena perderse un rato por esos lares y saborear mentalmente un costillar de tarta.

Visto en Laughing Squid

El excelso mundo del retrete explicado en una exposición

Toilet!? Human Waste & Earth Future es el nombre de la exposición que ahora mismo pueden visitar los afortunados japoneses. En ella encontrarán no sólo una minuciosa explicación del funcionamiento de los retretes, sino además una clasificación de las diferentes heces y cómo reconocerlas para posteriores trabajos de campo.

La exposición incluye un gigantesco retrete que permite a los visitantes ponerse un Gorro de Mierda (sí...) y dejarse caer cinco metros en su interior. Es decir, han conseguido que uno pueda sentirse como una mierda sin necesidad de deprimirse previamente, algo bastante loable dadas las circunstancias.

Entre las muchas atracciones que sabemos debe de tener el museo, hay una que llama especialmente la atención: un coro de retretes canta al respeto y la educación desde una perspectiva un tanto hipócrita, ya que todos tienen la tapa levantada. Ese coro lo podréis ver en el siguiente vídeo, que confirmará, una vez más, que Japón sigue a la cabeza del mundo con respecto a... bueno, a todo.

Visto en Neatorama

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan



Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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