Alegría y regocijo: vuelven las palomas mensajeras

Dejando de lado sus virtudes más evidentes, las palomas mensajeras eran una forma de mensajería ideal simplemente porque era muy difícil mandar cadenas de mails con ellas o Power Points con paisajes pixelados y algún tema chill out de fondo.

Por fortuna, este servicio ha vuelto a instalarse en la primera línea de la mensajería global gracias a LWA Pigeon Post. Por sólo 20 euros uno puede recibir la paloma de plástico, los sellos y todos los papeles oficiales para hacer el envío.

Ahora bien, ¿se puede enviar una paloma mensajera viva dentro de la paloma mensajera de plástico para hacer el mensaje más críptico? No. Primero porque los archivos adjuntos en el interior de una paloma son más bien limitados por el tema de los órganos vitales, que parece que no pero ocupan mucho espacio; y segundo porque, bueno, no existen mensajes cuya importancia requiera dos palomas fusionadas. Para eso ya están las gárgolas mensajeras.

Visto en WTF Microsiervos

Tres formas de matar a un conejo de chocolate

La existencia de conejos de chocolate puede resultar irritante para algunos; esa irritación puede acabar convirtiéndose en manía y la manía deviene odio con suma facilidad. Una de estas personas ha hecho lo que vendría a ser una snuff movie conejera, en parte para disfrutar de su propia obsesión pero también para calmar los ánimos de aquellos que no pueden soportar a esos malditos engendros.

La sensación de plenitud que uno siente al ver el vídeo es algo enfermiza. Quizá se deba a la música, al ambiente psicodélico o a esa crueldad dulce que lo embriaga todo. Si os sentís bien después de ver el vídeo (como es mi caso) es que seguramente seréis unos odiadores de conejos de chocolate pasivos; es decir, no los odiáis porque no os han hecho nada, pero participáis de la alegría de su destrucción. Y eso es de mala gente, que lo sepáis.

Visto en Cheezburger

 

Trofeo Cabeza de Toro, de cartón

Cabeza de toro

Exponer en una pared del salón la cabeza de un morlaco de media tonelada, con sus cuernos incluidos, es un lujo que no todo el mundo se puede permitir, salvo en tascas de ambiente taurino y fincas de ganaderos. Eso por no hablar de las connotaciones éticamente reprobables que percibirán ecologistas, detractores de la taxidermia y amigos de los animales en general.

No amigos, rebanarle la cabeza a un animal para momificarla y mostrarla como trofeo a tus visitas no está bien visto en el siglo XXI, así que. una buena solución, que contentará a todos, es substituirla por este kit de cabeza de toro, de cartón 100% reciclado.

Sólo emite mensajes positivos: es de material reciclado y reciclable, se ensambla a mano sin pegamento, es económico e invita a la reflexión sobre la relación entre humanos y otros animales.

Cabeza de toro de cartón

Transformar tu bicicleta en un caballo con Trotify

Los amantes del mundo equino están de enhorabuena: Original Content London se las ha ingeniado para diseñar un artilugio que convierte a toda bicicleta en un caballo sin necesidad de contratar a alguien que te siga haciendo sonar dos cocos.

Por sólo 30 euros podremos trotar por la ciudad sin preocuparnos de relinchos inapropiados ni evacuaciones fuera de lugar. Hay que decir, eso sí, que tendremos que llevar cuidado con el lenguaje para no herir la sensibilidad de la montura: hacer un caballito tiene unas connotaciones que pueden crear falsas esperanzas en la bicicleta, sobre todo si tiene que hacerlo en una cuesta.

Visto en Laughing Squid

Salsera felina (sí, es un gato vomitando salsa)

Parece que la elocuente imagen de un gato vomitando salsa sobre el desayuno despierta el hambre a más de uno. O por lo menos eso es lo que piensa GingerELA, la creadora de la Custom Vomiting Cat Gravy Boat, una salsera que evoca a un minino sufriendo una gastroenteritis o una sobredosis de bolas de pelo.

La verdad, conmigo no funciona. Ya sé que los gatos son adorables, pero ser adorable mientras se vomita requiere un estilo y un saber estar a los que pocos tienen alcance y que sólo se enseña en las mejores escuelas de protocolo.

Para empezar, el tema de necesitar a alguien que te aguante el flequillo para no empaparlo quita muchos puntos, sobre todo si a esa persona le provoca náuseas ver vomitar a alguien y te acaba cubriendo mientras tú cubres el suelo (juro que he sido testigo de esa situación). Lo de emitir sonidos extraños como si Cthulhu te estuviera poseyendo en ese instante también debe ser controlado y erradicado lo más rápido posible, así como abrazarse al retrete, un gesto romántico pero antiestético: uno tiene que vomitar de pie y a distancia, como si fuera el concurso de escupitajos de Monkey Island; ahí radica la dignidad.

Visto en Geekologie

 

 

Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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