Cada vez es más extraño ver el atardecer. Y no es porque algún extraño fenómeno metereológico o estelar lo impida. Sencillamente es que al común de los mortales la mágica hora del crepúsculo les pilla trabajando.

Por ello, si además de vivir la ilusión de ver cómo el sol se pone y, además, la de tener un poco más del día a vuestra disposición esta lámpara os vendrá que ni pintada.

Su exagerado globo, sus falsas nubes, su mando regulador de intensidad de luz... todo pensado para que románticos impenintentes, poetas desesperanzados y amantes que sólo se ven dos horas al día, cuando vuelven de sacrificar su tiempo en tareas poco gratificantes.

¡Ay, Dios mío! ¿Dónde estamos llegando?

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