Siempre he considerado algo digno de los mejores gourmets el plato de macarrones (o cualquier tipo de pasta) que uno se hace el sábado de madrugada, al volver a casa en un estado de embriaguez lo suficientemente estable como para cocinar con alegría. Hay una alternativa, claro: cocinar la pasta previamente y dejarla en el frigorífico; cuando volvamos y abramos la portezuela nos encontraremos con un plato frío que podremos calentar o no. Muchos se lo comen frío y, bueno, es una opción a tener en cuenta. No es genial porque pierde el valor ritual, que es la mayor baza de la pasta de madrugada, pero así y todo es cómodo.

De ahí a comerse un helado de pasta hay un paso muy grande, un paso de titán, de titán chungo, de titán que te deja construirte un muro alrededor de la ciudad y que te acomodes durante 100 años y luego te lo tumba sin pestañear ni pedir permiso al concejal de Urbanismo y Obras Públicas (sí, ya he empezado a ver Ataque a los Titanes y tenía que decirlo).

En cualquier caso, la empresa nipona Gari-Gari Kun, tras un concienzudo análisis de mercado, ha decidido hacer un helado con sabor a pasta (a pasta en general) y tropezones de tomate. ¿Estoy deseando que se comercialice a nivel mundial? Sin duda alguna: algo que parece tan evidentemente asqueroso tiene que ser bueno a la fuerza.

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