Reconozco que nunca he sido muy de Pringles. Demasiado perfectas para mi gusto; todas con la misma forma, ordenadas, disciplinadas,… muy militares, por decirlo de alguna forma. El dispensador de EntreX, una especie de lengua de madera o portaincienso de los baratos, potencia ese efecto, ya que las muestra desnudas e igual de ordenadas y homogéneas.

Bien, vale: hay que agradecer que ya no se corre el riesgo de meter el brazo en el tubo para coger la última maldita patata, quedarse encallado, tener que ir al hospital e inventarse cualquier pretexto que involucre un acto sexual indigno para no reconocer que jamás se te ocurrió volcar el tubo. Así que a ese respecto está bastante bien, porque aparte de "a mi chica le pone Mega Man" no se me ocurre ninguno.

Visto en Incredible Things

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan