Esto duele. Porque los trileros tienen su encanto y su experiencia y, la verdad, a la hora de ser estafado no hay nada como alguien con sabiduría y siglos de tradición a sus espaldas. Verlo reducido a un autómata duele. Me va a sacar el dinero igualmente, pero no se lo va a gastar en bebida ni se va a reír a mis espaldas (como mucho se da un baño en abrillantador o se pule), así que sí: me engaña, pero no admiro el engaño.

El que sí es admirable es su creador, el sueco Per Helldorff, que ha construido a la criatura a imagen y semejanza de, bueno, un tipo de tres brazos y gafas de sol. Confieso que siento una debilidad extrema por los autómatas y prometo que algún día, cuando estas manos sirvan para algo más que saludar a gente que no devuelve el saludo, haré uno. Y le hablaré, le contaré mis secretos y será mi mejor amigo y confidente.

Visto en This is Colossal

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