A pesar de que ya le seguíamos la pista desde hace un tiempo, el monopatín-carricoche no parece haberse hecho oficial hasta ahora, momento en el que los estudios Peter van Riet NV y Quinny han unido fuerzas para darle el último empujón.

No es muy seguro ni para el tripulante ni para el conductor (para qué vamos a negarlo), pero tampoco da sensación de peligrosidad. En su justa medida, puede ser útil para atravesar parques o para tener a nuestra disposición un turbo boost si vemos a un grupo de abuelas que sonríen al niño desde la lejanía, dispuestas a pellizcarle los mofletes y a abrir un debate para dilucidar si el vástago tiene los ojos del padre, la nariz de la madre, la complexión del abuelo o una mezcla de todas ellas o ninguna, quién sabe. El caso es que nunca está de más disponer de un instrumento con el que huir.

Podéis encontrar más información en la página del proyecto Longboard Stroller, que así han tenido a bien llamarlo.

Visto en Neatorama gracias a Santi

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