Dicen que el momento en el que el hijo empieza a caminar es uno de los más felices para los padres y uno de los más tristes para el mobiliario hogareño. Gracias al Baby Mop conseguiremos que también sea un día triste para los padres, que tendrán que volver a coger la escoba. A no ser que hayan sido previsores y tengan otro niño-escoba en camino, claro.

Lo sé, hay un error de base: no tiene ninguna forma de agarrar el cepillo para controlarlo. Un palo de escoba bien ajustado a la espalda puede servir, pero de todas formas el bebé se meterá por los sitios más sucios de la casa. Lo lleva en los genes; el llamado instinto de suciedad es la forma que tiene el bebé de expresar su rebeldía revolucionaria escandalizando a sus padres. Tristemente, cuando crezca se verá obligado a transformarlo en el instinto de libertad de Bakunin, ya que llenarse de pelusas es algo sin duda sugestivo pero no sirve de mucho a la hora de pretender un cambio social o una lucha de clases verdadera.

Visto en Book of Joe

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