Es curioso, pero el sistema de alarma falso de Global Link da muchas ganas de robar. Me explico: una vez se conecta la alarma, un sinfín de lásers y sonidos avisan a los ladrones de que el lugar tienen un nivel de seguridad muy alto y, supuestamente, eso les disuade de jugarse el pellejo. Todos los efectos del sistema son falsos y no avisan a nadie de nada, aunque queda bonito, eso sí.

Y he ahí el problema: a mí los lásers me tientan en lugar de echarme. Veo uno y mi cerebro empieza a procesar la misión, el diamante del millón de dólares, el lugar del que me tengo que colgar, los polvos que tengo que lanzar para mostrar otros lásers, los saltos, las patadas giratorias a los guardias, la bomba contrarreloj, el coche que me espera fuera, el disfraz de rabino y la rubia que me acompaña todo el tiempo para después descubrirse como una espía, traicionarme, darme una paliza brutal y decirme que me retire del negocio.

Le haré creer que lo hago y yo mismo lo creeré, pero cuando caiga en la inconsciencia escucharé una una gota cayendo en una cueva y una frase motivadora que me dijo mi padre en su lecho de muerte y me levantaré y... pues eso: que no me parece una buena idea lo del sistema de seguridad falso. Que después de todo ese trabajo uno se encuentra con que las únicas cosas de valor en la casa son un televisor de LCD y un vinilo de Genesis. Hay que mirar por los demás; no se puede engañar a la gente así como así.

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan