La forma de tratar a las cubiteras revela la personalidad de cada uno, desde los cuidadosos que la pasan por el grifo para suavizar y sacar los cubitos poco a poco hasta los que la estrellan contra la mesa y se dedican a recoger el hielo del suelo y, de ahí, a los vasos. Buena parte del espectro de las emociones humanas se da cuando se batalla contra una cubitera: el ingenio inicial, la esperanza, la decepción, la furia y el disimulo. Las mismas fases que llevan a un gatillazo, vamos.

La cubitera vertical podría cambiar esto. El funcionamiento es sencillo: se llena el vaso de agua, se introduce la cubitera en sí, se deja que se congele, se saca, se sirve y se mira con desdén a los asistentes. Si esto no te convierte en el líder de la manada, nada lo hará.

Véase también: Cubiteras más divertidas pero menos prácticas

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