Mantener una relación a distancia es difícil, aunque gracias a las nuevas tecnologías nos podemos sentir muy cerca de la persona amada. Emails, webcams, teléfonos, Whatsapps... el contacto intelectual puede ser constante y muy reconfortante. Pero está la necesidad de contacto físico. En una universidad hicieron una prueba con un monito huérfano. Le pusieron dos robots que podían amamantarlo, uno con una cubierta de peluche que daba cierta cantidad de leche, y otro, recubierto de metal, que daba más leche que el anterior. El monito eligió al de peluche. De esta acción, entre otras muchas cosas, podemos deducir que el monito era friolero.

Para ayudarnos a sobrellevar la lejanía ya vimos los morreos online, pero ahora tenemos los Kissengers (Kiss+Messenger), unos cerditos besucones que conectados al USB del ordenador reproducen los besos que le son dados al otro cerdito. Parece que la idea inicial es un tierno besito de buenas noches y tal vez unos arrumacos, pero se empieza con unos besitos y ya sabemos como se acaba, si no que le pregunten a la Paris Hilton. Seguro que la cerdito se acaba convirtiendo en un burro y la cerdita en un conejito, ya me entendéis.

Dentro de poco cuando lleguemos a casa a las tantas pondremos la tele para ver a la guarrilla del canal morreándose con el cerdito de plástico y haciendo señas para que llames; las puertas del cibersexo se han ensanchado y ahora pasa, no una persona, sino un camión.

Ahora cuando digas "Voy a morrearme con la cerda de mi novia", la gente no sabrá que pensar.

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