Consumir bebidas mientras se trabaja es asumir un riesgo de desastre que no todos podemos aceptar. Un despiste, un golpe, una torpeza y lo que empezó como una plácida taza de café acaba como un tsunami, todo echado a perder por el agua.

Para alejar lo posible el desastre de nosotros tenemos la pinza posavasos, que se sujeta al borde de la mesa de trabajo y podemos dejar en ella nuestra bebida. Así, en caso de accidente, es más fácil pasar el mocho por el suelo que limpiar la mesa, volver a imprimir los papeles o lo que sea menester y, por supuesto, no tener que aguantar el gesto de desaprobación del jefe

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