Se supone que esta pelota fantasma de PacMan se usa sólo en momentos de estrés; uno la aprieta y la suelta repetidas veces hasta que se relaja. No es una gran novedad; desde luego. Pero no sé, qué queréis que os diga, esta es diferente. A mí esos ojitos me imploran que los apretuje en todo momento, y que lo haga bien fuerte, por puro placer, y ese cuerpecito esponjoso también: apretar más, más y más sólo porque uno tiene el poder para hacerlo.

En fin, sadismo al límite por unos 9 euros.


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