A lo largo de la historia, el ser humano se ha declarado débil y sumiso ante razas consideradas evolutivamente inferiores, como los relojes-calculadora o las alcantarillas sin tapa. Esto nunca ha sido tan cierto como ahora, con ese fenómeno sociológico conocido como "El auge de los gatitos".
Nos pueden. Nos derretimos ante los ronroneos, no podemos evitarlo y no hay alergia que valga. Son nuestra debilidad y es una gran debilidad. La kryptonita, mal que mal, era un mineral retroiluminado; uno podía caer en la tentación de usarlo como lámpara, pero poco más: te debilita, lo sabes y lo evitas. Pero los gatitos son ternura y suavidad y, poco a poco, han conseguido no ya conquistarnos, como sugerían algunos, sino hacer que tendamos a ellos de forma inconsciente (una maniobra mucho más sutil). Esta es una muestra de la felinización (RAE alert!) de la que somos víctimas:

Exacto: la empresa japonesa Neurowear ha creado estas orejas felinas que reflejan estados emocionales mediante sensores conectados al cerebro. El nombre escogido para ellas es Necomimi. Los que aparecen en el video no parecen muy seguros de que funcione, aunque, bueno, que te entren ganas de sentir algo para ver si unas orejas se retuercen no debe ser fácil. De momento no se distribuyen, y quizás sea de agradecer, ya que la consecuencia directa de su difusión sería la anulación absoluta del ser humano. No, no soy alarmista: esas orejas se nutren de emociones reales; no se puede mentir. O sea, no hay ser humano.

Posibles aplicaciones para las orejas de la verdad Necomimi:

En la pareja: sustitución de la frase "¿en qué piensas?" por "ni lo pienses".
En el arte: venta de dvd's con el artista orejado (RAE alert!) sintiendo cosas en cuclillas, que se siente más a fondo.
En la política: uso obligatorio por dos razones. La primera, para echarnos unas risas; la segunda, para saber exactamente a quién echar.

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