Esta es la clásica historia en la que un chico se compra una guitarra porque quiere ligar, pero al ver que no es capaz de tocar ni "Blanca Navidad", acepta su derrota contra la música y se enfrenta a su verdadero destino: la informática. Encerrado en su habitación, que es para él su cueva secreta, decide darle un uso más apropiado a la guitarra y la convierte en un aparato de entretenimiento que le será más fácil de utilizar: un ordenador.

Hay que reconocer que aunque no pueda ganarse la vida como músico y, probablemente, no encuentre al amor de su vida, lo que está claro es que la carpintería la domina bastante bien. Quizá ponerle LEDs de colores en el ventilador del procesador desentonan un poco con la sobriedad de la guitarra, pero tampoco creo que invite a mucha gente a su habitación.

Visto en New Launches

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan