Yo siempre he pensado que las máquinas expendedoras tienen un punto diabólico, siniestro. No se, me producen desasosiego, tengo la sensación de que tienen algo perverso que se escapa de nuestro entendimiento.

Supongo que el uso que de ellas hace la iglesia contribuye a que mis prejuicios sobre el tema se refuercen. Si ya me pareció inquietante que existan máquinas expendedoras de cirios, o máquinas que entregan Santos a cambio de 1 euro, ahora ya no se que pensar al ver está máquina expendedora de agua bendita que han instalado en una iglesia italiana.

La excusa está relacionada con evitar el contagio de la gripe A, pero yo, desde luego, no me creo nada.

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