Cojín salchicha gigante

En lo que se refiere a cojines gastronómicos, hay que reconocer que esta salchicha asada gigante no está mal; su color brillante y las marcas de la parrilla están realmente bien conseguidas.

Pero aunque, además, su forma parece bastante adecuada para reposar las cervicales, en ningún caso se acerca al nivel de excelencia de nuestro afamado cojín de jamón de Jabugo.

Eso no quita que, indiscutiblemente, estemos ante un buen candidato a engrosar nuestro catálogo de cojines originales. Esperemos diponer de él en breve.

Perturbador: la muñeca que escupe bebida por un pecho cuando le aprietas el otro

Un tipo de cuarenta años que se ponga a gritar y a llorar en medio de la calle no conseguirá más que ser arrestado. Su error: no tener treinta y nueve años menos. Si ese fuera el caso, las madres harían cola con los pechos al aire y se pelearían por darle de mamar.

Y es injusto porque siempre se nos dice que no hay edad límite para nada: ni para el amor ni para los juegos ni para aprender a tocar el triángulo. Pero es mentira: para mamar y defecar sobre tu ropa sí hay edad límite (en el caso de la segunda también cuenta la ancianidad, claro.) Y es injusto, repito, porque esas dos cosas son precisamente los dos eventos más placenteros a los que uno puede aspirar. Así que estamos condenados a la infelicidad desde el principio.

Menos mal que en Japón son dados a buscar placeres donde aparentemente no los hay. Hoy toca una muñeca (un busto, más bien) que despide líquido por uno de sus pezones si uno aprieta y masajea el otro. Como podéis ver en el vídeo, es el último grito en las fiestas familiares a pesar de costar cerca de 5.000 euros, un precio acorde al sueño que representa. ¿La queremos para QuelovendanX? Sí ¿La tendremos? Yo sí. Y no soy precisamente de fiestas familiares.

Visto en Sploid

Puente casero para gatos que duermen al límite

CatastrophiCreations ha hecho una versión en miniatura del puente de cuerda de Indiana Jones y el Templo Maldito y la ha asociado a gatos. Resultado: un gran miau. Los mininos han encontrado otro lugar en el que repantigarse y demostrar su absoluta superioridad como raza.

Porque mientras un puente de cuerda y madera supone un desafío para el más valiente de los seres humanos, cualquier felino lo considerará una cama alta o una posición elevada desde la que atacar a su dueño cada vez que pase por abajo (es recomendable no colocar el puente sobre lugares de paso como la cocina o el aseo). Si lo que queremos es añadir algo de tensión y que el gato sufra igual que nosotros, podemos colocar un cubo de agua lleno de ovillos de lana justo debajo del puente; si cae no sabrá si huir del agua o quedarse desarrollando su obsesión lanuda; eso lo pondría en un aprieto.

Visto en Geekologie

Raro: el paraguas invisible

Air Umbrella es un dispositivo que expulsa aire a su alrededor e impide que la lluvia lo atraviese, formando una especie de cortina sobre el usuario y caras de desconcierto entre los transeúntes. Por la descripción del producto en su perfil de Kickstarter parece que dura como mucho 30 minutos, transcurridos los cuales uno pasa a ser un energúmeno mojado con una especie de linterna apuntando al cielo.

He de reconocer que llama mucho mi atención; es muy de ciencia-ficción. Además, te evitas las luchas contra el viento, que siempre han sido algo muy ridículo porque son un ejercicio de mimo llevado a la realidad. Lo malo: que por muy potente que sea el flujo de aire, la sensación de tener algo físico que te separe de la lluvia es insustituible, así que siempre te vas a sentir más desprotegido. No sé, es algo raro pero me atrae de forma irremediable. Si lo viese en un chino lo compraría inmediatamente, eso está claro.

Visto en Like Cool

El decepcionante robot camarero

Este es mi segundo día sin café. Ayer estuve agonizando, viendo bebés en el techo y esas cosas que pasan cuando uno se intenta desenganchar. Así que hoy tenía que hablar de café, era inevitable, aunque sólo fuera mi excusa para decir que lo estoy dejando.

Cuando he visto que un robot japonés hacía café se ha iluminado mi día. Es cosa de una compañía japonesa llamada Nextage y, la verdad, deja bastante que desear. Sé que es difícil hacer robots. O, bueno, en realidad no lo sé, sólo lo deduzco porque a mí me resulta difícil pegar un póster en alineación con la pared; lo de los robots debería ser más complicado o vivo totalmente engañado.

El caso es que el robot que hace café es un tanto desesperante. Milagroso, sí, como todos los robots, pero falto de ritmo. Además, no sé si dejaría que una camarera que no mascara chicle con la boca abierta me sirviera; me sentiría raro. Y probablemente tuviera que volver al café para compensar esa sensación (sí, estoy buscando excusas para volver).

Visto en Kotaku

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No Puedo Creer... Que Lo Vendan



Luke: Yo... No puedo creer... Yoda: Ya, por eso has fallado.
Episodio V. El Imperio Contraataca, 1980
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