Don Alipio el 13 de November del 2009

Vicki Larrieux, estudiante de 22 años residente en Portsmouth (Inglaterra) sufre mucho cuando su madre le prepara una comida basada en verduras. No es porque, como mucha otra gente, deteste las acelgas y demás.
Lo que le ocurre es mucho más terrorífico: sufre lacanofobia, es decir, un miedo irracional a los vegetales.
Vicki cuenta que, cuando era pequeña, se inquietaba al ver las zanahorias de su plato. Pero no le dió demasiada importancia hasta que, como adulta, se dio cuenta de que ir a un supermercado a hacer la compra o ir a un restaurante se convertía en una dura prueba que casi nunca ha logrado superar: sus pulsaciones se desmadraban, le entraban sudores y sentía un inexplicable pánico cada vez que veía un maldito vegetal.
Afortunadamente hay gente que le apoya, como su novio, que declara que jamás se haría vegetariano por el bien de la relación. De esta manera se ha sacrificado por la causa y comparte con Vicki una dieta basada en carne, patatas, cereales y, de vez en cuando, alguna manzana.
Eso sí, que nadie piense que la pobre muchacha se ha rendido. Ella sueña con que llegue el domingo en el que pueda disfrutar de una parrillada de verduras.
Nosotros, desde esta redacción sólo podemos animar a Vicki y decirle "Tú puedes, lo conseguirás. Y si es preciso, te pasaremos nuestras espinacas como tratamiento de choque".
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Don Alipio el 18 de June del 2009

Este es el capitán Wayne Keble
En la dilatada historia militar del Imperio Británico hemos visto que algunos de sus mandos más eficaces son también los más excéntricos.
Una prueba más de ello la tenemos en la persona de Wayne Keble, capitán del HMS Bulwark, actualmente haciendo unas maniobras de las que no volverá hasta agosto.
Como decimos, el capitán Keble es un capaz capitán de navío con pinta de viejo lobo de mar por cuyas venas corre agua salada y no sangre; un hombre que entiende a su tripulación y que comprende que cada tripulante debe tener un mínimo de libertad para hacer lo que desee...
... menos para comer coles de Bruselas.
En efecto, el capitán Keble es un enemigo declarado de las coles de Bruselas, a las que llama "el diablo vegetal". No le gusta su sabor, su color y mucho menos su repugnante olor, que podría convertir su amada nave en un apestoso pedazo de chatarra cuya presencia pudiera advertir el enemigo en varias millas naúticas a la redonda.
Bueno... esto último es una exageración, pero sí es verdad que el capitán detesta a esos malditos repollos en miniatura y que, pese a que exige que la comida que se sirve en su nave sea saludable, no hay cabida para esas diminutas y flatulentas verduras.
La razón exactamente no la sabemos. Pero quizá, al estar en la marina, podemos suponer que su madre quiso en algún momento obligarle a tomar algunas coles haciendo el avioncito. Ya sabéis por dónde quiero ir...
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Amy el 16 de January del 2009
Para empezar, si tu estómago es muy sensible y te gusta el zumo de zanahoria no deberías ver este vídeo, por tu propio bien.
Se trata de una especie de corto en stop motion en el que se hace un zumo de zanahoria un tanto raro y en una versión un poco sangrienta.
The Juiced Carrots from Carrotkid on Vimeo.
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Don Alipio el 9 de January del 2009

Nuestras madres pensaban que se trataba de malos hábitos alimenticios, pero la cruda realidad es que se enfrentaban con millones de años de evolución (lo que, a efectos prácticos, es como intentar detener una ola con un vaso).
Nos explicamos. Según recoge "El mono obeso" del doctor José Enrique Campillo (queremos decir que ese es el título del libro, no que estemos insultando al buen doctor) hace entre 15 y 6 millones de años los homínidos de los que descendemos habrían tenido acceso a varias clases de vegetales poco energéticos pero muy abundantes. Así, los primates preferirían comer los frutos más maduros, y por tanto más dulces, de esas plantas, cuyo azúcar les aportaría energía.
Posteriormente, hace 5 millones de años, y debido al cambio producido en la vegetación, que pasó de ser una frondosa selva a una sabana menos productiva, nuestros antepasados tuvieron que cambiar ligeramente su dieta prefiriendo grasas y alimentos con más azúcar para poder sobrevivir.
Y más tarde, hace unos dos millones de años, tuvo lugar otro cambio decisivo: la escasez de vegetales obligó a nuestros "tatatatatatatatatatatarabuelos" a consumir ávidamente carne. Al ser de digestión más rápida nuestro sistema digestivo se adaptó mejor a ella, por lo que nuestro organismo desarolló una preferencia por la carne.
No sé si he transcrito bien lo fundamental de la teoría (si queréis más detalles podéis ir aquí) pero lo importante es que os quedéis con este mensaje que proponía mi novia (perdón... prometida): cuando vamos a un burguer y pedimos un menú con un sundae, o sandy... o como se diga sólo estamos haciendo caso a nuestro instinto y siguiendo la llamada de la naturaleza.
Aunque me parece a mí que pocas madres harán caso de la teoría...
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